LAS HILANDERAS
Mi hermana es la primera mujer de mi familia que no sabe coser.
Perplejas, nos miramos las unas a las otras
y nos culpamos en silencio.
Cómo ha podido pasar,
si las mujeres de mi familia arreglamos todo así,
cosiendo,
si las mujeres de mi familia hilvanamos la aguja siempre a la primera
y sentimos que así se calma un poco el mundo.
Comentamos este hecho aterradas
y nos preguntamos cómo será su vida cuando esté sola.
Cómo criará a sus hijos, cómo cuidará las plantas,
cómo se asomará al balcón, si no sabe coser.
Nos parece imposible que sin saber coser
una pueda salir adelante en la vida.
Luego, nos acordamos de los tiempos de ahora,
la vida moderna,
y nos decimos que lo que importa no tiene arreglo.
La abuela no quería que sus hijas aprendieran a coser.
Pensaba que así tendrían un trabajo. Yo, que trabajo,
también sé coser y me resulta inconcebible
no tener una aguja y un dedal a mano
(por lo que pueda pasar).
Al fn y al cabo, nos criaron así,
al calor de una mesa camilla, viendo
las horas pasar al ritmo de los pespuntes.
Mi hermana no conoció estas costumbres.
Cuando ella llegó,
el tiempo de los hilos ya había pasado,
la abuela ya había muerto,
la manada se había roto.
Y todo eso queda lejos.
Las muchachas de ahora,
como mi hermana, no saben coser
y no se preocupan. Es mejor así:
que tengan un trabajo y no cosan
-como quería la abuela-,
que salgan adelante así,
sin árbol genealógico,
todo pólvora y futuro.
De El cuadro del dolor (Renacimiento, 2017)
MATERNIDAD
Sobrellevar el dolor
es criar un hijo:
una ciencia exacta que sólo conocen las madres.
La madre del hijo y la madre del dolor;
vientre por vientre.
La ruta silenciosa
por el cordón umbilical de luz
que conecta los cuerpos,
algo de lo que sólo saben
los ojos que alimentan
el defecto y la raíz.
De El cuadro del dolor (Renacimiento, 2017)
LO NORMAL
Cuando se cotidianizan las sacudidas en el desayuno,
el grado 8, los pinchazos, las náuseas,
el dolor entra a formar parte de
bebo lo normal, duermo lo normal,
fumo lo normal, corro lo normal, grito lo normal.
Y NO. El dolor no es normal,
es extraordinario:
es confeti tóxico y mariposas oscuras
prendidas en la lengua.
Pero cuando la piel se agrieta
y rugen los murciélagos dentro
y la vista se nubla porque el ruido en el abdomen,
y los puños golpean el vientre desde dentro,
entonces, justo entonces,
si me preguntas de nuevo al borde de la puerta
del despacho o al salir del baño, te diré eso:
me duele lo normal.
Mi dolor normal:
erupciones volcánicas de colores,
un espectáculo pirotécnico privado.
De El cuadro del dolor (Renacimiento, 2017)
Ana Castro (Pozoblanco, Córdoba, 1990)
Periodista especializada en Comunicación Corporativa. Columnista en Diario Córdoba, también publica reportajes como freelance, realiza tareas de correctora y traductora e imparte cursos de escritura creativa de manera independiente.
Ha publicado El cuadro del dolor (Renacimiento, 2017; Renacimiento, 2022), III Premio de Poesía Juana Castro, Rojo-Dolor. Antología de mujeres poetas en torno al dolor (Renacimiento, 2021) como antóloga y ha coordinado la edición de Vidas con dolor (Antipersona, 2021). Ha resultado merecedora de la beca de investigación Miguel Fernández de la Ciudad Autónoma de Melilla 2021 por “Decir rojo cuando toca negro. El dolor en la poesía de Marta Agudo, Isabel Bono y Chantal Maillard”, además del XXX Premio Ricardo Molina de Poesía por el presente libro. Su último libro, La cierva implacable (Cántico, 2023), ha sido galardonado con el XXX Premio de Poesía Ricardo Molina.
Ha coordinado el proyecto cultural y ciclo poético Otoñeces (2010) en Córdoba, ha trabajado en el Festival Cosmopoética entre 2011 y 2013 y en el periodo 2018-2022 ha sido codirectora de la editorial underground La Toffee Produce.
Desde 2014 padece dolor crónico, lo que la ha llevado a impulsar una fuerte labor de activismo y sensibilización social. También ha participado en distintos congresos especializados en dolor y cuenta con el máster “Paciente Experto en Enfermedades Crónicas” de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid.
Sus poemas aparecen en revistas (Estación Poesía, Boronía, Oculta Lit, Revista de Creación Literaria Maremágnum…) y antologías: A gustar convidan. Gastropoesía (La Bella Varsovia, 2012), El silencio y la seda: Poetas cordobesas frente a Julio Romero de Torres (El Páramo, 2012), Réquiem por Lolita (Fundación Málaga, 2014), La punta del iceberg (Ediciones En Huida, 2015), Liberoamericanas. 140 poetas contemporáneas (Liberoamérica, 2018), Discípulas de Gea 2 (Inventa Editores, 2018), Algo se ha movido. 25 jóvenes poetas andaluces (Esdrújula Ediciones, 2018), Piel fina. Poesía joven española (Maremágnum, 2019), La casa del poeta (Trampa, 2021), Un aplauso interior. #PoemasEnCuarentena (Excmo. Ayuntamiento de Pozoblanco, 2021), Antología Poetas por el Clima (Excmo. Ayuntamiento de Priego, 2022) o A ras de suelo. De la ciencia a la poesía, transitando por el cáncer de mama (El ojo de Poe, 2022).
¿Cuáles son los modelos de poetas que te dieron ganas de escribir poesía? ¿de dónde nace tu interés por la poesía?
Cuando era adolescente y comencé a escribir me la dieron poetas capaces de reflejar mi malestar interior y, como era propio de aquellos tiempos, los que indagaban en el amor. Ahora me interesan más las poetas que buscan la palabra exacta, como Emily Dickinson o Chantal Maillard, y que reflejan en su trabajo, sin pudor, las realidades cotidianas complicadas, como Sharon Olds o Mary Jo Bang,
¿Ejercitas la imaginación o simplemente ocurre? Si la ejercitas, ¿de qué modo? Si simplemente ocurre, ¿qué cosas la disparan?
Simplemente ocurre. Yo soy de esas poetas pacientes que aguardan que el poemas se les suceda. Y, a menudo, estos me encuentran mientras me desplazo, durante mis trayectos en metro o mis paseos a pie.
Una manía al escribir, un objeto, un rito.
El pequeño cuadernito A5 que llevo siempre conmigo en el bolso por si se me aparece un poema.
¿Cuál es tu organismo vivo favorito?
Esta pregunta es muy sencilla: mi gata Toffee, el ser más precioso del planeta y la mejor compañera de supervivencia.