El lenguaje código como vehículo expresivo
El lenguaje código es un lenguaje completo que incorpora tanto una sintaxis como una semántica que son especialmente rígidas porque se trata de un lenguaje que tiene que ser comprendido por una máquina. Naturalmente, su poder expresivo es mucho menor puesto que no es un lenguaje creado y enriquecido por la rica experiencia humana. Sin embargo, el lenguaje código es utilizado a diario por casi 30 millones de personas en todo el mundo y eso lo compele a ciertos usos inesperados.
En general, cualquier actividad humana que tiene un emisor y un destinatario determina un lenguaje y, por lo tanto, termina adoptando un estilo y una estética. El lenguaje código no es una excepción. De la misma forma que en el lenguaje natural la forma cognitiva y expresivamente principal es la narrativa y, por lo tanto, resulta sencillo para cualquier hablante reconocer los estilos distintos de dos narrativas de un mismo hecho, en el lenguaje código esa forma principal es la creación de programas funcionales para la máquina en la que resulta sencillo reconocer también un estilo de escritura. Así es que, cualquier programador con algunos años de experiencia puede identificar con cierta facilidad qué compañero de su equipo ha escrito tal pieza de código; entre otras cosas porque todo programador suele dotar de una estética, de un estilo propio al código que escribe. Además, como en los demás lenguajes, las personas que los usan tratan de expresar algo más profundo a través de ellos y terminan forzando los cauces naturales de ese lenguaje, ya sea como alguna forma de humor o alguna expresión poética.
Otra cosa que me gusta observar del lenguaje código es que, como todos los demás lenguajes, lleva implícita una forma de concebir el mundo. Utilizar el lenguaje código también supone tener acceso a todos sus elementos para la creación. Funciones, métodos, clases, atributos, variables y todos y cada uno de los símbolos que utilizamos como llaves, corchetes, paréntesis, etc. que pueden comunicar algo y ofrecen distintas emociones y referencias. Todo es material para la expresión y el resultado son, a menudo, poemas muy visuales en los que es necesario contemplar la estructura y la jerarquía utilizadas.
La poesía retuerce el lenguaje para ensancharlo y a mí me permite sacar al lenguaje código de su labor propiamente técnica y explorar sus posibilidades de significado. De manera natural, brota una búsqueda de la conmoción y de las emociones, de la inquietud del lenguaje, de sus cualidades sugerentes y estéticas, de dotarlo de carga semántica al ponerlo en cierto contexto, de ampliar sus límites a través de una organización visual, de encontrar una estética del ritmo con sus símbolos, sus reglas, su lógica.
Por estas razones, porque en el fondo resulta natural hacer este tipo de poesía, suelo explicar regularmente que sólo soy una hablante más de los lenguajes código, que sólo siento el lenguaje código como un lenguaje más y, también, que, por lo tanto, la poesía código es para mí una forma más de escribir poesía.
Para qué y para quién escribo poesía código
Sin embargo, para quienes enfrentamos el arte desde un punto de vista socialmente crítico, la poesía, además de una autoría, tiene sobre todo un destino: ¿para quién? ¿para qué escribimos?
Para quién:
Soy consciente de que enfrentarse por primera vez al lenguaje código es difícil y puede suponer una barrera de lectura, especialmente si la persona que lee estos poemas está muy acostumbrada a leer poesía en lenguaje natural.
Sin embargo, hay otra manera, también poética, de abordar el lenguaje código. A Alberti, por ejemplo, le gustaba leer poesía en otro idioma porque decía que, aunque no la entendiera, algo le quedaba. Alberti no tenía en mente un lenguaje como el lenguaje código pero sin duda que la actitud que propone para la lectura sigue siendo adecuada. En vez de encarar un poema código como si estuviéramos ante un idioma extranjero incomprensible para nosotros, el enfoque, por el contrario, debe ser el que adoptamos cuando leemos poemas visuales de vanguardia: se trata de suspender un poco el juicio y las expectativas y dejarse llevar por las palabras en inglés que invariablemente aparecen en el código y por la estructura visual que jerarquiza y ordena este tipo de lenguaje.
Así leída, la poesía código se hace legible sin perder el carácter lógico, jerarquizado y a menudo imperativo del lenguaje del que bebe.
Para qué:
Para explicar para qué escribo este tipo de poemas necesito adentrarme un poco más en las características del lenguaje código. Austin definió un enunciado como performativo o realizativo cuando su enunciación misma lleva a cabo el enunciado. Ajustándonos a esta definición, podríamos decir que todo el lenguaje código es naturalmente performativo; o que por lo menos lo es de forma parcial puesto que necesita ser enunciado ante la máquina. Esta performatividad dota al lenguaje código de una gran potencia. Para comprender esto del todo, basta pensar que este lenguaje sustenta el funcionamiento de los cajeros de crédito, de las operaciones financieras más complejas, de quién tiene o no acceso a determinados derechos o servicios públicos y, también, de los misiles que hoy caen sobre Gaza y el Líbano e incluso de los objetivos elegidos para ser asesinados.
El lenguaje código es un lenguaje necesario y copiosamente utilizado por el poder para su propia reproducción y, por eso, utilizarlo para escribir poesía me parece fundamental por una serie de razones.
En primer lugar, escribo poesía código para mostrar a los lectores la tinta con la que está escrita una realidad cada vez más digital que nos envuelve a todos. Comprender que ese lenguaje que muchos consideran una especie de magia negra es perfectamente comprensible a pesar de las diferencias obvias que le distancian del lenguaje natural. Por tomar un ejemplo de la actualidad, la omnipresente Inteligencia Artificial, que amenaza con arrebatar tantos empleos, tanta energía y tanta agua, está también escrita y diseñada con este tipo de lenguaje.
Detrás de aquellos misiles que matan y aquellos móviles que espían hay personas de carne y hueso, trabajadores, que han escrito esos programas siendo conscientes de para qué iban a ser utilizados y que, si no han abrazado ideológicamente el destino de su trabajo, por lo menos han tenido que ponerse a una distancia suficiente para anestesiarse emocionalmente.
Esos compañeros de profesión pertenecen además a una categoría social enormemente exigua, puesto que se trata en un 95% de hombres que en su mayoría son además blancos acomodados. Ya solamente con esta descripción deberían hacerse evidentes la mayoría de los sesgos que se hacen patentes con cada modelo de Inteligencia Artificial que se publica. Esta falta de diversidad explica y a la vez reproduce una brecha digital que es una cuestión de clase, género y raza puesto que prácticamente sólo quienes no han sufrido esta brecha pueden acceder a este tipo de empleos. Tendemos a pensar que los que llamamos “nativos digitales” no sufren dicha brecha, pero su uso de la tecnología se limita casi siempre a las redes sociales y a los videojuegos, programas que se diseñan conscientemente de forma cada vez más sencilla hasta el punto de que, como menciona Jorge Izquierdo, incluso un primate sabe utilizarlos. Leer y usar lenguaje código, en cambio, es paradójicamente una competencia muy escasa hasta el punto de que la mayoría de los jóvenes en España sigue considerándolo como algo complejo y misterioso.
Por concluir, escribir este tipo de poesía significa para mí una oportunidad de volver este lenguaje contra su propia esencia porque darlo a conocer significa, por un lado, desmitificarlo para quienes no lo conocen de cerca y, por otro, mostrar a todo el mundo parte de su poder destructivo. Además, si el lenguaje es pensamiento, hacer poesía con un lenguaje de control como este me parece una forma de dotarlo de belleza y sugerir que otro mundo es posible.
Colapso
if (this.hábitos){
if (temperatura.aumenta){
if (deshielo){
if (extinción.especies){
if (deforestación){
if (desertificación){
return colapso;
}
}
}
}
}
}
Constructor Fake News
class FakeNew() {
constructor(title){
this.typesDocument = new TypesDocument(title);
}
inventarHistoria() {/*…*/}
buscarFoto() {/*…*/}
detallesIncomprobables() {/*…*/}
difundir() {/*…*/}
}
let counter = 0
while (++counter) {
const fakeNew = `fakeNew${counter}`;
this[fakeNew] = new FakeNew()
this[fakeNew].difundir()
}
/*(…)*/
No olvidéis sus nombres
async memoriaHistorica() {
let nombre = “”;
do {
nombre = await
excava(lugarDelRecuerdo);
await recupera(nombre);
} while (nombre)
}
Habitación propia
var PrivateRoom = Room.extend({
allowedToWrite: function() {
return to.be.equal;
}
});
Cuando dicen nube
Cuando dicen nube,
un edificio de cajas metálicas,
vértebras de silicio,
semiconductores, chips.
Un esqueleto de mercurio, plomo, cadmio, aluminio.
Que nos perdonen las nubes,
quintillones de bits de datos al dia
beberán millones de litros de agua cada año.
Cuando dicen nube, dicen quiebra, fractura,
un crack que rompe los oídos al nombrarla.
Dicen cañón descuartizado,
desiertos que todavía no lo son.
Sepulcro de granos muertos en la edad de florecer.
La roca madre dio a luz a la matriz mineral,
y ya no importa su dolor,
engullimos la tierra por capas hasta perder el horizonte.
Que me perdonen las nubes,
por arrancar de su nombre la savia
que conduce el agua hacia la vida.
Belén García Nieto
Colaboradora Anfibia
Belén García Nieto (Sevilla, 1982)
Programadora informática y poeta. Escribe poesía tanto en lenguaje código como en lenguaje natural. Su obra ha aparecido en antologías como «Insumisas; poesía crítica contemporánea de mujeres», Baile del Sol; «Voces encendidas: mujeres, arte y tecnología», CSIC y ha sido estudiada por su vertiente en código («Aproximación a la poesía escrita en lenguajes de programación: sobre Belén García Nieto», por Encarna Alonso Valero, Universidad Nacional de Educación a Distancia). Algunos de sus poemas códigos han sido expuestos en el Instituto Cervantes de Nueva York.
‘A 6000 metros de profundidad‘ (Ed. La oveja roja, 2023) es su poemario.
¿Cómo surgen tus poemas? ¿Qué chispazo desencadena el primer verso? ¿Cuál es el primer latido que inicia la vida de tus textos?
Escribo con las cosas que me preocupan y que, literalmente, me quitan el sueño. A veces viene de una palabra o algo que sucede y que me marca y a lo que le doy vueltas hasta que me pongo a trabajar en ello. Surgen también de mi propio día a día, de lo que vivo y que me sigue rondando hasta que lo consigo plasmar en un poema.
El libro de la revelación y el camino dice, «la labor de aproximar lo inconsciente a la parte consciente es una tarea que ocupa toda una vida». ¿Hasta dónde lo logras, quedas alguna vez satisfecho/a? O, lo que es lo mismo, ¿cuándo es el momento de abandonar un poema?
Me gusta pensar que el inconsciente me sugiere ideas pero mi trabajo –diría incluso que el trabajo de toda escritura– es hacer de esas ideas algo presente en la realidad en la que vivimos. Hay matices que no se llegan nunca a capturar del todo, pero lo importante es hacer presentes esas intuiciones y que se engarcen en la realidad. Y para eso la comunicación tiene que ser eficaz. Me gusta pensar que un poema está bien no cuando no le falta nada sino cuando no le sobra nada.
¿Qué ecosistemas poéticos o artísticos nos querrías recomendar? Lugares escondidos, secretos u olvidados.
Yo escribo como poeta de la conciencia crítica y, aunque no es realmente una corriente (o ecosistema) escondida ni secreta, me gustaría que se conociera más
¿A qué tipo de lector te diriges? ¿Aspiras a llegar a conectar como algo necesario para tu escritura o te es indiferente?
Es imposible dirigirse a todo el mundo. Una escritura que funciona para todo el mundo es una escritura aséptica y eso es exactamente lo contrario de lo que quiero que sea mi poesía. Dicho esto, pienso en la poesía como un ejercicio de comunicación y, como tal, lanzar esa poesía al aire sin que me importe quien la recoge me parece una forma de escribir ociosa y despreocupada del mundo que no me interesa en absoluto.
Me gustaría sobre todo que mi poesía llegara a personas con cierta sensibilidad poética y que sienten a la vez que en el mundo pasan cosas profundamente injustas a las que hay que dar respuesta.
¿Cuál es tu organismo vivo favorito?
Mi organismo vivo favorito son los seres humanos. Si no lo fueran no escribiría.