Apagón
Parece que ha habido un gran apagón,
parece más una noche de gallinas:
hay quienes han puesto sus huevos de lado,
hay quienes llamaron al 112.
En la oscuridad se oyen patas rotas,
cascarones, semáforos apagados,
embarazos, avalanchas de mosquitos,
los felinos se escapan a la laguna,
en la oscuridad rechina una puerta.
Indudablemente aquí hay gato encerrado;
son tiempos de bestias salvajes e insectos,
picoteos y aullidos de madrugada,
las trompetas ensordecen en la selva,
cacarean en cadena todas las lianas,
nuestras hamacas peligran,
todos los osos se alejan ya del fuego
y es hora de dar el pecho a un desconocido.
En la oscuridad el bebé ha vuelto
de un escondite insospechado,
contra todo pronóstico volvemos a ser monos,
los caballos relinchan en la ecografía de mis sueños
y de pronto se puede afirmar lo siguiente:
el apagón es una república casi feliz
o la república feliz es casi un apagón
o el feliz apagón es casi una república.
Adjunta encontrarás esta baraka
بركة
por si te hace falta
una vuelta al sol bajo la niebla
una trampa al ojo que se aleja
con sus cocodrilos en lágrima,
salados como el Mármara,
sus dientes blancos de tanto morder
balsas, de tanto lamer
bálsamos en flor.
Dentro de las escamas,
como si fueran minúsculos dromedarios,
reservas de agua en jorobas,
por si hace falta humidificar el ambiente,
de cara a otro año de posibles sequías.
Las arrugas de la tierra
son grietas para la baraka
بركة
que se filtra y se pone
a tu disposición
por si echas de menos cualquier cosquilla
de otros amores pasados.
¡Gerónimo!
Subimos al avión sin pasaporte,
ni control de seguridad pasamos,
gritamos al trote, al trote, al galope,
¡ja!, como enanos
nos relamimos con lenguas de azogue,
días de fiesta, delirios y tragos,
el vals de las mil ventanas de cobre,
fundidos claros,
persianas americanas, trasnoche,
y un maestro de ceremonia mago
tocaba los himnos del despelote
en un gran piano:
viene el fiel trueno y la ola se rompe
en mil gotículas que nos tragamos,
sudor en la cabeza de alcornoque
(dar en el clavo),
parranda larga, de nuevo al galope,
fumar amapola y exhalar aros
donde metemos los dedos de bronce:
todo es extraño.
Arpegios
Aferrado a tus arpegios,
ardiente arcángel de mármol,
arqueo mi cimitarra,
arma y garra del amor.
Es tarde para regar
el árbol de la barranca;
sus ramas y sus raíces
parecen racimos rancios.
De Marrakech al Mar Mármara
radican aros de hartazgo,
arañas y garrapatas,
arenas de tus arpegios.
Las arias radiosas y áureas
ladran áridos ardides;
en Argel las harpas arden
y los artistas son ranas.
Aferrado a tus arpegios,
Ramadán en ralentí,
razono al atardecer,
harapiento y desarmado.
Desvelo
Pausa musical.
Aquí me encuentro
en el vado lunar
sacando mis toxinas
en forma de lágrimas
emancipando al guerrero
después de tres lustros
en el encierro.
Agua salada.
Sabor a tierra
(destellos de infancia
en el jardín mojado)
húmedo percal.
Olor a mar
en las fosas nasales.
Tequilas. Mezcales.
Desde el dedo del pie
hasta la nuca
el hormigueo
me contorsiona
me conmociona
electrifica mi barda
y transforma mi médula
en regaliz.
Sigo siendo el de ayer.
Me coloco este velo
me amedrento
frente al Minotauro
y de reojo
esquivo mi reflejo.
¿Lo viste?
Vitalista
Extraños en nosotros mismos
el subconsciente sabe lo que quiere
la gente pasa y pasa
en piloto automático
la anestesia rutinaria
el espejo y las botas lustradas
pan tostadito, mermelada
midiendo el mundo
con regla pequeña
Lo importante es lo que atraviesa
lo que cambia
la lógica del devenir, cariño
poblar nuestro universo
de seres vivos diferentes
explorar nuestra potencia
el perpetuo movimiento
no lo aprisiones
el territorio es un vector
se mueve
se deja invadir
se puebla
se desertiza
vuelve a crecer
se ralentiza
anexiona
se amplía
soy
eres
somos
el devenir
Fulgor
Más allá de la aorta
está el corazón
no queda lejos
me asomo al balcón
escucho el barullo
y el silencio que le sigue
motores, ruedas
asfalto ralo
tejas de desamor
hojas verdes
primavera lluviosa
y un zumbido
de sol
-fulgor-

Karim Hauser (Monterrey, 1972).
Gestor cultural y programador de contenido en Casa Árabe, Madrid. Ha sido periodista de la British Broadcasting Corporation (BBC), donde también se desempeñó como corresponsal de BBC Mundo en Oriente Medio. Estudió la licenciatura en Relaciones Internacionales en el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), donde fundó la revista Urbi et Orbi, y un máster en Radio en el Goldsmiths College de la Universidad de Londres. También realizó estudios de Teatro en el Centro Universitario Cultural de la Ciudad de México y en el HB Studio de Nueva York. De padre mexicano y madre egipcia, cuenta con importantes experiencias vitales en Londres, El Cairo, Montreal y Nueva York.
Ha publicado artículos y entrevistas en la revista XL Semanal, la Revista de la Universidad Nacional de México, relato en la revista Luvina y poesía en el portal Agua, poesía líquida. Fue finalista del IV Premio Nacional de Poesía Viva L de Lírica y recientemente publicó Bazar de estados fallidos en la Editorial Ultramarina.
Viajero de corazón, desde 2014 ha emprendido un proyecto de performance y fotografía, Mariachi in transit, que explora de forma irreverente aspectos de la identidad multicultural contemporánea (mariachintransit.com).
¿Cuál es tu fuente nutricia?, ¿de dónde mamas? Descríbenos tu cadena trófica.
Parte es agua, parte tierra y fuego. Es la ola, el humus y el liquen, el barro cocido, pero también el aire que me trae noticias de varias latitudes, cánticos, cotilleos, juegos de palabras y cacofonías. Mi cadena trófica parte del vapor de la gota sobre el asfalto, de la mugre orgánica que alimenta a los insectos, para a su vez satisfacer la lengua del batracio, y se convierte en ancas de rana al ajillo en algún museo, el ajo como antibiótico antes de abordar un avión, el ojo que observa atento en el paseo marítimo, la noche como carcajada e incubadora de nuevas gotas.
¿Cómo se gesta tu escritura? ¿Nace ya como un ser completo o ha de ser incubado al calor de otros mundos?
Mi escritura nace de chispas entre las rocas, de encuentros aleatorios y binomios fantásticos adulterados. No siempre es continua. A veces aparece como aquella canción infantil: «allá en la fuenta había un chorrito, se hacía grandote, se hacía chiquito». Sin duda se beneficia del estímulo que ofrece el roce con los distintos mundos que visito y que me habitan.
¿Eres un escritor adaptativo, necesitas un clima, un biotopo concreto?
No me resulta indispensable contar con condiciones ambientales uniformes, pero el frío extremo no me favorece: se me entumecen los dedos. Necesito agilidad digital en un hábitat relativamente tranquilo. No obstante, convivo de cerca con el caos y por ello me considero un escritor adaptativo.
¿Cuál es tu diario de lecturas, tus referentes, poéticos o no, en estos momentos? ¿Qué ecosistemas artísticos, lugares escondidos o secretos nos querrías recomendar?
Mis referentes juveniles son mesoamericanos: Octavio Paz, Jaime Sabines, Xavier Villaurruti. Gabreil Zaid. Fui muy fan de RImbaud, Apollinaire y Baudelaire por mi educación francesa. Más recientemente descubrí a Mario Santiago Papasquiaro y a Tedi López Mills. Otras parejas potentes: William Carlos Williams y Walt Whitman; Oliverio Girondo y Nicanor Parra; García Lorca y Gloria Fuertes.
¿Cuál es tu animal/organismo vivo favorito?
En el código anfibio me conmueven los ajolotes. La salamandra-tigre en peligro de extinción; inquieta en su juventud y tiende a ser solitaria. Siento que encierran secretos de la evolución y misterios dignos del más profundo realismo mágico. En tierra y aire, pienso en la cabra y en el búho por su tenacidad en subir montañas y su capacidad de girar la cabeza 270 grados, respectivamente.