Para A. Ruiz de la Peña
Imagino a los hombres y mujeres
que conocieron el vértigo
a principios del XX.
Nosotros, anoche
veíamos pasar un tren
iluminado por el flexo del dormitorio.
Ya entonces supimos
que la velocidad nos arrollaría
o acabaría por ser
el abandono acariciándonos el pelo
en la próxima estación.
(Últimas cartas a Kansas, La Bella Varsovia, 2008)
***
Me he aficionado a responder
encuestas por teléfono y a escuchar
a los testigos de las cien religiones
de mi barrio. Dejo que me acose
la vecina del cuarto con cosméticos
que sé que no me quitarán las ojeras
y me trago
todos los programas
que hablan de
cómo viven los ricos
cómo mueren los pobres…
Estoy muy ocupada,
por eso no entiendo por qué
ahora, sola en la habitación,
echo tanto de menos tus pies,
húmedos por el sudor compartido,
pisando las baldosas de la cocina.
(Últimas cartas a Kansas, La Bella Varsovia, 2008)
***
TAN INTENSO
Sólo te pido que no seas
tan intenso
solo
que si llego tarde
y no hay calma en el pasillo
y la gata se enganchó con las cortinas
y tú con el cable inexistente del teléfono
no seas tan intenso
rompe
una taza un plato un espejo
mi vinilo de Morrison Hotel
y grita
asomado al balcón
en busca de las dos horas perdidas
del pedazo de vida que yo tengo
y tú no
pero te pido
que no se te vidrien los ojos
ni enrojezcas la nariz
ni sientas vértigo
ni llores por la cena especial que preparaste
te pido que no seas
tan intenso porque es difícil
vivir
y aceptar el paro las distancias los atascos las subidas
el precio de un pedazo de vida
que unos tienen
y otros no
no seas tan intenso:
Baudelaire
no pagaba nuestro crédito
(Animales interiores, Trabe 2007)
THE BATTLE OF EVENMORE
Levántate, y levanta el mundo
que de noche no existe —qué haces
cuando no sueñas construcciones—
levántate.
No digas ayer, no digas alcohol.
Todos reíais anoche
con la vida en la glotis.
Pon muy alta la música, que duela
lo justo el haber sido una irresponsable.
Que duela el haber sido
y hoy
sólo estar.
Levántate. No basta.
(Prohibido silbar. Baile del Sol, 2014);
LOS ANILLOS DE CRISTINA
La chica más guapa de la clase
– mágica, los ojos azules y tan morena, como
si pudiera romper las leyes de los plastidecor–
hacía mis trabajos de manuales.
No era gratis, a ella le gustaba mi vecino.
Y como todas las chicas que de verdad son guapas
se moría de timidez.
Su padre era marinero, nos contaba,
y cuando volvía le regalaba anillos plateados
y todas mirábamos sus manos, hábiles y brillantes
con pubescente envidia.
Sólo cuando dejas el colegio y el blanco
de los ojos no es tan blanco descubres
qué clase de tipo era su padre.
Y un día, por trabajo, vas al módulo libre
de drogas de la cárcel regional
y confirmas el rumor. Y la ves allí
con ojos aún de niña guapa
y tantos, tantos anillos en la vida plateada.
(La sombra de Peter Pan. Ediciones del 4 de Agosto, 2009)

Sofía Castañón (Gijón, 1983).
Filóloga y realizadora en la productora Señor Paraguas con la que ha dirigido el documental Se dice poeta en 2014, en el que aborda el ámbito de la poesía contemporánea desde una mirada de género y Que sirva de ejemplo en 2021, ha publicado los poemarios Animales interiores (Trabe 2006), Últimas cartas a Kansas (La Bella Varsovia, 2008), La noche así (Ya lo dijo Casimiro Parker, 2012), La otra hija (Sunuria, 2013) y Prohibido silbar (Baile del Sol, 2014); y los cuadernos La sombra de Peter Pan (2009) y Culpa de Pavlov (Premio Jóvenes Creadores del Ayto. de Madrid). En asturiano: Tiempu de render (Trabe, 2009) y Destruimientu del xardín (Hespereya, 2012). En 2025 fue galardonada con el premio Xuan María Acebal por la obra Esti amor asturfalante. Colabora con medios de comunicación asturianos, como La Nueva España, El Comerciu o La Voz d’Asturies, y de ámbito estatal, como El Huffington Post, eldiario.es, Diagonal o Climática.
¿Cómo surgen tus poemas? ¿Qué chispazo desencadena el primer verso? ¿Cuál es el primer latido que inicia la vida de un poema?
Creo que hay algo generacional, o contemporáneo quizás, en remitir el chispazo al asombro, a Szymborska u Oliver. Realmente es lo que me ocurre, de repente algo se sale del continuo y necesitas contarlo de la misma manera que de niña necesitabas señalar a cada perro que te cruzabas paseando.
El Libro de la revelación y el camino dice que “la labor de aproximar lo inconsciente a la parte consciente es una tarea que ocupa toda una vida”. ¿Hasta dónde lo logras, quedas alguna vez satisfecha? O, lo que es lo mismo, ¿cuándo es el momento de abandonar un poema?
Sin duda, la poesía tiene que implicar en su juego del escondite el misterio. Algo nos ronda, a veces se asoma más, otras menos, hasta que un día irrumpe y zas, ahí estaba. No sé si me siento cómoda hablando de inconsciente, no sé si es intuición, o entrar en contacto con un olfato no siempre desarrollado. Lo cierto es que la manera que encontré más clara de mostrar «eso» fue con el álbum ilustrado El ratón que faltaba, de Giovanna Zaboli (A buen paso, 2015), que habla de la búsqueda, de ese deseo y de cómo de repente, encontrado sentimos estar en orden con todo lo demás. Se parece, sí, a hablar del amor o de cualquier pulsión que tenga la cualidad de conformarnos de manera integral.
Por otra parte, me resulta muy difícil abandonar la insatisfacción en casi cada cosa que hago, aunque en los últimos tiempos sé que tengo una vivencia más feliz y más abierta de las cosas, incluyendo por fin como algo no malo sus errores y sus limitaciones. Sí sé que me sentí satisfecha cuando cerré mi último poemario, Esti amor asturfalante. Podía estar en las antípodas de la excelencia, podía no gustar a casi nadie. No importaba, sentí que era exactamente lo que quería escribir en ese momento. Fue una sensación nueva, y creo que tiene que ver no tanto con la escritura propia como con la relación que una establece con el mundo y sus posibilidades. Claro, tiene casi dos años el libro y la relectura hoy me lleva a pensar de otra manera esos poemas, pero no puedo hacerme la trampa. El libro pertenece al momento en el que entendí que lo era. Y desde luego no soy la que era en aquel momento. Menos mal: sería terrible que fuéramos exactamente siempre la misma persona.
¿Qué ecosistemas poéticos o artísticos nos querrías recomendar? Lugares escondidos, secretos u olvidado
El ecosistema que más me llena y me nutre, el que más entusiasmo me genera y del que más aprendo es el de las lenguas del estado, las cooficiales y las que no disfrutan de esa consideración (y esos derechos). Las lenguas minorizadas y cómo se relacionan entre ellas. Chapotear entre los idiomas y quedarme pingando con ellos. Entender que algo sólo se puede decir en una lengua y buscar las traducciones posibles desde el mirar poético, desde una exactitud otra que, por un camino quizás más largo, sea más fiel; nos sirva mejor.
¿Cuál es tu organismo vivo favorito?
Mi organismo vivo animal mamífero es, sin duda, mi hijo. Y no por la autoría, sino porque tiene la capacidad de deslumbrarme con su mirada hacia el mundo y, entonces, un paisaje, una película, una conversación pasan a ser una fiesta porque te lleva a pensar desde otra parte, una cercana pero nueva. Cuando hace eso se parece mucho a lo que ocurre cuando un poema atraviesa. Además de esto, mi último libro está lleno de pájaros y árboles, y pienso que en parte es por ese deseo de saber más de ambos seres, la impotencia de no conocer todos los nombres aunque quisieran enseñármelos mis abuelos. Ese resquemor a haber delegado, con exceso de pasividad, en la «comunidad de sabios» que sí los conoce, hasta el punto de saber nombrar muy pocos, fascinarme con cada raitán, cada pardalín, cada pega y cada manzano.