Salomé Ballestero

dos mujeres miran a cámara despistadas 
las demás no
los cabellos eran tan negros y encapucha-
dos como los rojos 
: no escondas no
tuya es la sombra de la mañana 
nadie entendió tu huida 
mejor así
sin la vergüenza

un gran saludo para el gran útero unicelular 
para las cé-
lulas rojas que cantan juntas y hacen calceta 
para la cé-
lula que pone multas municipales
para la cé-
lula que ordena litros de leche todos 
iguales que envía mails
su-primerpoematodoensumerio
para la cé-
lula arroja pelos sobre el vecino 
para la cé-
lula que habla de muerte con un murciélago 
para la cé-

que habita den-
tro de un cáliz dentro de un múscu-
lo despistado era de cristal y no lo sabía
era dormir en una camilla muy ortopédica
era la orina toda de plástico 
eran los coágulos como alfileres 
fuera la vulva 
tan relajada 
tan cris-ta-lina

De Pues con solo ver tu pequeña capa estoy contenta (Ediciones deliciosas, 2O23)


De Mosaico de barr(i)o movedizo (Piezas Azules, 2023)

***

la hoja dice
hasta aquí llegaste
se cree que me he ido 
se cree que no me he ido 
me llama desde lejos

me hice pequeña sobre un lecho de semillas blancas
me hice enorme junto a los brotes del álamo de nieve
solo me responde la hoja que aún no brotó
me trago la lluvia, es preciso 
todas las semillas microscópicas 
germinarán en mis orificios ocultos 
me convertiré en un paraíso de plantas 

si sueño que el árbol es piedra o que la piedra brota
¿se hará realidad el sueño?
¿sabré compartirlo contigo?

cómo reconocer los movimientos del alma
en un cuerpo desnudo
en el paseo
con la mano alzada
en un soplo pequeño o suave

en la noche escondida escucho 
atenta 
a lo lejos
el poder que todo lo derrumba
aquí y ahora
el árbol tranquilo y olvidado

(inédito)

***

mi niño  
mi niño sol
el rayo de sol mi niño
en este instante, niño, los fotones vienen
da vértigo saber de dónde vienen 
él no lo sabe 
el rayo de sol llega a mi pequeño girasol 
se lo come como si fueran pipas

Su abuelo se pasa la brocha por el cuello. Jabón y agua, agua y jabón, la brocha enjabonada sobre la piel curtida del cuello. Mi niño se mira las arañas azules y rojas de las manos que se encienden y se apagan, translúcida piel de naranja y girasol. Su abuelo sopla copos de nieve, juega el jabón con el sol.  Mi niño ríe, tranquilo, la boca húmeda de leche, el abuelo lo llama “cordero”. Llora y se vuelve a dormir. Prosigue el rayo de sol su marcha. Los ojos de mi niño han inaugurado la belleza de lo insignificante.

La luz naranja confiere tibieza a la superficie del barro. Los ojos de la mujer se posan sobre la jarra. El pintor mira la jarra y luego los carrillos colorados de la mujer y sus ojos concentrados en la blancura que se derrama. La superficie áspera del jarro es casi etérea en el lienzo. El pintor trata de acercarse a algo que no es la dureza de la materia sino el hueco en el que cabe la vida de un recién nacido. La mirada, la leche, los hijos muertos, la ansiedad porque la manteca emite una humareda negra mientras el ceño del pintor exige quietud. Los fotones vibran, como ese cuerpo que vibra de tristeza y rabia, una vibración que se trasmite a la mano que derrama la leche. El dibujo tembloroso quiere explicar la vibración, pero su ondulación no se corresponde. 

Una mujer escribe con los párpados desnudos, escribe para que dé la cara el dolor, para desconcertarlo y reírse de él, para que su grito parezca el grito de todo el mundo, aunque no lo sea exactamente. Una mujer sentada junto a un balcón. Entra el sol de la mañana. Sobre la mesa dos vasos. Uno medio vacío, uno lleno; casi desaparecen atravesados por el aire. El aire dibujado por el rayo de sol que los atraviesa, el aire que intuyen los ojos de una mujer que escribe junto a un balcón y dos vasos de leche.

(inédito)

Salomé Ballestero (Escalona del Prado,1963)

Nazco en la casa de mi abuela, en un pueblo de la España ahora vaciada. Me traen a Carabanchel cuando ya hablo y juego sin parar terraza arriba terraza abajo. Estudio mucho, me gusta leer, estudio medicina, me especializo en microbios y parásitos, viajo a la Inglaterra post-thatcher para realizar un postdoc, regreso reconvertida en médica de venenos. Dibujo, pinto, bailo, escribo. Escribo poesía. Me publican dos poemarios raros. Me publican poemas en antologías sobre la vivienda, la violencia contra las mujeres, sobre Gaza. Tengo amigas poetas, tengo amigos poetas. Practico la danza contemplativa. Anfibia es una fuente de belleza, un lugar para la creatividad y el encuentro. Necesito silencio. Me va a venir bien. Seguiré escribiendo y amando la poesía, ¿cómo no? ¿Y después? Después la vida sigue. Después ya veremos.


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