Ana Gorría

Soy errancia.
Un pequeño retrato escondido junto a las moras de la infancia.

¿otra vez yo?

Y algo que se parece a la derrota y
que podría ser el inicio del
vuelo,
el sonido de la voz o la mano
a punto de rozar
te
casi tan semejante y sin embargo, lejos:
otro cuerpo me nombra.

El árbol crece fuera del lenguaje,
el cuerpo va hacia el caos.

Soy un enjambre hambriento mientras vuela.

¿Dónde estás tú?, pregunto
mientras hundo las manos en la tierra
y el miedo vuela contra los espejos.

RESPUESTA A SHI

Según la melodía Pushuangzhi Ci
nuestro cariño es tan hondo como el mar,
mas la felicidad que hemos vivido
se alejó como esa nube viajera
Las lágrimas corren como un río,
destrozándome las entrañas.

¿Será imposible nuestro amor?
¿Ya no podremos vernos más?

Quisiera resignarme,
pero no puedo.
Si en esta vida el destino nos separa,
espero nuestra unión en la próxima,
nos dice desde los siglos doce o trece
la poeta Le Wan.

Y voy dispuesta como una escalera:
el cuerpo a punto de acariciar la luna,
los pies al borde del viejo cementerio
mientras las manos se hunden en la tierra.

Tictac el instante que abarca el minutero:
carne de celosía contra el espejo tic:
otra escalera hacia mi propio centro tac
mientras se hunde la tierra.

Soy cada vez más leve.

Voy cada vez más lejos o más dentro.

Tiempo en hilera
soy
que quiere regresar al origen.

¿Palabras que parecen sonidos sin idioma?

Y sin embargo, hay luz.

Una luz señalada para los ya advertidos
en esta habitación que fue una vez
oscura,
mientras la luna llena se refleja
en el charco reciente de la lluvia
ya puedo acariciar su levedad
apenas con la punta de los dedos.

Tus manos están cerca:
más allá de la muerte.

Soy la sed.

Por detrás de los días.
Por detrás de las noches,
y por detrás del tiempo
en la estrechez del cuarto que se parece al bosque.

Hay un hilo de sombra entre tú y yo.

Hay un hilo de sombra que se parece
al miedo al animal desconocido.

Soy cada vez más oscura.

Como el miedo del animal desconocido
que hunde su regazo en un rincón
para fundirse con la oscuridad.

Soy cada vez más niebla.

Y estoy a punto de desaparecer.
Soy el resto del viento que queda entre las manos que se estrechan.

El fantasma me observa.

Sin embargo,
la ciudad se mantiene despierta, ajena a mí.
El árbol se mantiene de pie, ajeno a mí.
El bullicio del mundo se mantiene, ajeno a mí.

Hay ruidos que no conocen alfabetos.

Llegan aquí fantasmas.
¿Qué idioma es el del sueño y la tormenta?

El bullicio del mundo se sigue manteniendo,
ajeno a mí.

El silencio no conoce plurales.

El horizonte sin embargo mantiene
su temblor en mi cuerpo.

El temblor del regazo sobre el regazo
se parecía tantísimo a ese tiempo sin tiempo
en la marisma
donde nos encontramos, otra vez.

Ya solo quedo yo.

Y solo quedo yo.

Yo
Soy la primera contracción del parto
de mi madre.

Soy el sudario
de mi padre muerto.

Soy el vacío.

Y estoy a punto de desaparecer.

El fantasma me observa.

La ciudad se mantiene despierta, ajena a mí.
El árbol se mantiene de pie, ajeno a mí.
El bullicio del mundo se mantiene, ajeno a mí.

El horizonte sin embargo también
tiembla en mi cuerpo.
o
el temblor del regazo sobre el regazo
que se parece al tiempo sin tiempo
en la marisma.

Y solo quedo yo.

CONTEMPLANDO EL MAR DESDE LA TORRE

Lejanas montañas superpuestas
entre nubes y neblinas del mar.
Las garzas juegan en el agua.
Caprichosas gaviotas vuelan
yendo y viniendo.
Aguas primaverales infinitas,
se extienden hasta el confín del mundo.
Una vela solitaria
viene flotando del azul del cielo.

Y, desde el cielo,

soy el rostro que al cerrar los ojos
se ha convertido en bosque,
la lengua muerta de las traducciones,
el bamboleo en la barca
a la deriva.

La lengua viva de la traducción.
Soy el reguero de las hojas marchitas del otoño,
las flores que compiten por abrirse.
Soy la hilera de ramas.
Soy la nube.
Soy la neblina.
Soy la montaña.
Soy desnudez.
Soy tú.

Ana Gorría

(autorretratos. En prensa, editorial Candaya).

Fotografía: HyO

Ana Gorría (Barcelona, 1979)

Ha publicado los textos Clepsidra (Plurabelle, 2004), Araña, en colaboración con la pintora Pepa Cobo y el compositor Juan Gómez Espinosa (El Gaviero
Ediciones, 2005), De lo real y su contrario (Vitolas del Anaïs, 2007), El presente desnudo (Cuadro de tiza ediciones, 2011), La soledad de las formas (Sol y sombra poesía, 2013), Nostalgia de la acción. Dibujado por Marta Azparren (Saltadera, 2016), Un piano silencioso y una guerra inocente (Ejemplar único, 2017)  que generó una serie de 25 dibujos a mano realizados en camisetas como arte efímero por Gabriel Viñals, Caminar (Ediciones del 4 de agosto, 2018), así como el desarrollo de los poemas que acompañan al fotolibro de Mei Sa Guo, Ciclos (Debacle ediciones, 2020) y Tiempo profundo. (Hyo editores, 2025),

Su trabajo crítico está recogido en Transportes (Reseñas 2007- 2010) (Isla de Siltolá, 2014). Como traductora es responsable de distintas versiones de poesía en lengua catalana, gallega e inglesa y es editora del volumen Novas_17 poetas. Antología consultada de poesía en gallego. Su obra está presente en numerosos recuentos de la poesía última, el más reciente Panic Cure. Poetry from Spain for the 21th Century o Europoets: An anthology of European poetry.  


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