La plasmación poética de la experiencia diferencial de la mujer se vuelve un elemento esencial en la escritura de muchas autoras frente a la poesía-hombre. Es la exploración de vivencias propias las que nutren gran parte de nuestra escritura y gracias a las que se ha ido construyendo un referente también para las autoras y/o lectoras que encuentran reflejada una realidad compartida por nosotras: sexualidad, cuerpo fecundo, maternidades, cosificación y mercantilización del cuerpo, socialización de género… y las vísceras atravesadas por violencias de diversa intensidad, entre otras.
Decía Gloria Fuertes que “antes de contar las sílabas, los poetas tienen que contar lo que pasa”. Diríamos “las poetas hemos que contar lo que nos sucede y desde dónde”; espesar y remover a diferentes velocidades del fuego la poesía que ebulle en estos elementos distintivos.
Desde estos lugares propios, los que calientan y los que queman, de tejido ardiente o incómodo, de dañado también, así algunas contamos lo que (nos) pasa.
Y eso que ocurre configura la escritura, tanto en fondo como en forma, frente a otras poesías o poemas y otros estilos. Territorios textuales de combate o resistencia, de cotidianidades y tamaños pequeños, de denuncia o extirpación de ganglios. El yo poético decidiendo en femenino frente a la ocultación o normalización arraigada.
Porque contar no es mera operación aritmética, como no es mera enunciación tampoco, porque, además, la comprensión lectora no remite únicamente a la capacidad de entender, sino también y, sobre todo, la de trascender el entendimiento, llegar más allá de la dermis, accediendo acaso a la entraña profunda en una sola aspiración, inhalando la atmósfera hueca de lo que sucede porque fuera (nos pasa) lo que dentro se cuenta.
Como suma, ahí sí hay aritmética, enunciada, ahí si hay sintaxis, comprendida, ahí hay entendimiento, todo ello en la náusea compartida, en el poema quirúrgico que secciona la desproporción y el agravio estructural.
Podemos encontrar de este modo, esos elementos que nos permiten hablar de una poesía distinta, construida con las vivencias de género, concretamente desde la expresión de la violencia ejercida sobre nosotras.
Es esta una violencia que preexiste a la propia individualidad. Curiosa preexistencia señalada en el mismo acto de nacer y nombrarnos. Una biología que argumenta sin sentido para el ejercicio de poder intencional desde la estructura asimétrica y su discurso, estableciendo así la gran desproporción.
Queremos, no obstante, contar y poner en el filo el quiste, la conmoción de la carne, la parte blanda y el hueso. Poner el asco, la rabia, destapar el día y mostrar sus esquirlas y su deambular sutil o ruidoso, destaparlo. Levantar las alfombras y dejar a la vista el cementerio y sus lesiones: grueso, descuidado, el gris frío del no-hogar cubierto en la intemperie, acostumbradas a decorar con la mirada inclinada y el goteo de la burla o la esquina.
Queremos hacer del amasijo un viaje de líneas, alumbrar lo que existe y evidenciar la sangría ancestral.
En estos momentos cruciales de erupción testimonial, seleccionamos de algún poemario y de alguna antología entre tantas que hay actualmente acerca de la violencia de género, varios poemas que abordan este viaje con nombre de mujer y su obra marcada. Aquí os los dejamos.
JUANA CASTRO (Villanueva de Córdoba, 1945)
Amor mio
Antonia buena chica ingresó ya cadáver.
Carmen muy educada vaqueros blusa beis
y Raquel silenciosa es el amor.
Amor de amoratarse amor que es amoldar
y amancillar.
Amor de amenazar amor de amurallar
amor de amartillar
y de amasijo.
Amor de amortajar.
Rosa Lola María
Inés Luisa mi amor.
Compañero mi amigo
mi enemigo.
Rafael veinte años arma blanca su novia en una calle.
José Pablo dos hijos, divorciado
y Raúl empresario gran sonrisa el amor.
Es el amor que amengua que amuralla
que amortece y amarra.
Amor de amuñecar amor que es amputar
amor de amilanar
y de ambulancia.
Amor de amordazar.
Manuel Félix Cristóbal
Jaime Isidro mi amor.
Mi señora mi dueña
mi rehén.
Amo mío mi amor.
El anillo no sabe no sabía.
El anillo.
El cuchillo.
De La extranjera (2006)
SUSANA THÉNON (Buenos Aires, 1935)
¿por qué grita esa mujer?
¿por qué grita?
¿por qué grita esa mujer?
andá a saber
esa mujer ¿por qué grita?
andá a saber
mirá que flores bonitas
¿por qué grita?
jacintos margaritas
¿por qué?
¿por qué qué?
¿por qué grita esa mujer?
¿y esa mujer?
¿y esa mujer?
vaya a saber
estará loca esa mujer
mirá mirá los espejitos
¿será por su corcel?
andá a saber
¿y dónde oíste
la palabra corcel?
es un secreto esa mujer
¿por qué grita?
mirá las margaritas
la mujer
espejitos
pajaritas
que no cantan
¿por qué grita?
que no vuelan
¿por qué grita?
que no estorban
la mujer
y esa mujer
¿y estaba loca mujer?
Ya no grita
(¿te acordás de esa mujer?)
De La morada imposible (2001)
ANA MARÍA RODAS (Ciudad de Guatemala, 1937)
Porque yo soy la causante de tus iras
de tus tensiones
de tus penas
y además soy didáctica
destruyo tu paz todos los días
y te amarro.
Nunca supe hasta hoy
que yo era así de impresionante.
Creía ser mujer
nunca supe que fuera un cataclismo.
De Poemas de la izquierda erótica (1973)
MIYÓ VESTRINI (Nimes, 1935)
Muy poco y muy gris el tiempo que te quede
Soy frágil
para los amados.
Algún asesino más poderoso
más fuerte
me interceptó cuando cruzaba
el callejón de los cuchillos
y me atajó.
Silencio mujer
dijo
de nada valdrá tu queja
en este momento
ni en los otros.
Muy poco
y muy gris
el tiempo que te queda
en esta madrugada de perros realengos
y borrachos asustados.
Déjame un instante
dije,
medir la luz que todos los días
me recibe y me abandona.
Déjame llorar un rato a solas.
Pero sólo había frío
en el callejón de los cuchillos.
De Pocas virtudes (1986)
LYDDA FRANCO FARÍAS (San Luis, Estado Falcón, 1943)
a esta hora
serás la muchacha ejemplar y enamorada
a quien engañan y maltratan
todos los hijos de puta de la tierra
lo cual no tiene la menor importancia
ellos siempre regresan
compungidos
a tus faldas
solícitos
con la cara lavada
con la excusa de siempre
con la eterna cantata
yo te perdono
yo te prometo
yo te lo juro
mi ego te besa
al final de la escena
hasta el perro es feliz
De Una (1985)
MÄRTA TIKKANEN (Helsinki, 1935)
Al principio se tiene una sensación agradable
francamente vertiginosa e incomprensiblemente
maravillosa
de que a pesar de todo también hay gentes
que ven detrás de la fachada
que saben
y se dan cuenta
Pero después todo se vuelve
todavía más difícil
Luego viene la pregunta:
¿Por qué no te vas?
Infinidad de veces he estado a punto
de marcharme
si este periodo no es
el último
entonces me voy
si los que van a pagar el pato
son los niños
entonces me voy
si además empieza
a mentir
entonces me voy
y si alguna vez me pone la mano encima
a mí
entonces me voy
cuando los niños
ya no puedan más
entonces sí tengo que irme
Y todo eso pasó
Sin embargo no me fui
¿Por qué?
De La historia de amor del siglo (1978)
PILAR ABUJA (Ourense, 1965)
En sus rodillas
– Juntaos más, que así no cabemos.
Venga…
Unos encima de los otros, vamos…
Los más altos al final detrás de todos
otra fila sentados de los mayores también
y nosotros de pie y delante, por pequeños
es que así no nos tapan…
Familia completa.
Me ha sentado en sus rodillas
directo, rápido, sujeta mis hombros.
Fuerte, recio.
Me revuelvo e intento levantarme
bajar con mis primas,
quedarme delante por pequeña
donde mis pies no toquen aire
con mi hermana, mi hermano
o detrás donde mi madre
o con mi padre.
Pero me sujeta y
nadie mira y nadie ve.
Invisible.
Silencio.
De Informe para derrocar al lobo feroz (2024)
Para terminar os queremos compartir también la magnífica antología poética multilingüe PROU! coordinada por Begonya Pozo i Carolina Otero. Una antología que nace para señalar las violencias contra las mujeres y los niños en la que han participado alrededor de ochenta poetas.
Marisa Bello
Consejo editorial Anfibia