Muestrario de cuerpos

“Pero existe una evidencia de las huellas que deja esta lucha en la memoria del lenguaje, del lenguaje que habita al cuerpo, ese cuerpo que habla a través de la experiencia y al que percibimos como algo más que una aglomeración de células, órganos y fluidos: declarar la existencia de una creación poética del cuerpo, y desde el cuerpo. de un cuerpo verbalizado, de un cuerpo capaz de ser interpretado.”1

“Me muevo, luego existo.
(…) Antes que la palabra, hay un cuerpo que se orienta, explora y expresa en una lengua muda de gestos que enuncia lo que está por decirse.
«
Ainhoa Suárez Gómez

1
Yo canto el cuerpo eléctrico,
Me ciñen y yo ciño los ejércitos de quienes amo,
No me soltarán hasta que los siga, hasta que responda,
Y los descorrompa, y los cargue a pleno con la carga del alma.

¿Se ha dudado que quien corrompe su cuerpo se oculta?
¿Y si los que profanan a los vivos son tan perversos como los que profanan a los muertos?
¿Y si el cuerpo no obra tan plenamente como el alma?
¿Y si el cuerpo no fuera el alma, qué sería el alma?
Walt Whitman

“Primero se siente, después se sabe. Yo sentía delectación sin conocer la palabra para nombrar ese goce que es consciente de estar gozando.”
Cristina Peri Rossi

REVELACIONES
En la noche a tu lado
las palabras son claves, son llaves.
El deseo es rey.
Que tu cuerpo sea siempre
un amado espacio de revelaciones.
Alejandra Pizarnik

Autoretrato
Suculenta albóndiga de tierna ternura,
empanada rellena de grillos y canciones,
mamotreto de versos perfumados,
crisálida de gusanito de seda.

Falda de saco o pantalón vaquero,
sostén de manos bordado en uñas.
Busto, a gusto del consumidor elegido
y fuertes piernas
con suaves cicatrices
en ambas rodillas desconchadas.
Gloria Fuertes

«(…) La conciencia debió empezarse a formar
entonces, en ese instante terrible en que hubo que abrir los ojos y
respirar, y el abrazo de la verdad maternal, donde ningún esfuerzo era
necesario ni posible

María Zambrano

Parto II
Te sajaron el vientre.
Te encharcaron el cuerpo.
Te crujieron el útero.
Te aumentaron la dosis de benzocaína.
Te preguntaron sobre apellidos
y tú balbuceaste sobre lindes y matojos.
Para sentir difuso,
(como en los autos de choque)
cerraste los ojos
y esperaste el impacto.

Nacer no es una metáfora,
es un estrépito.
Isabel Navarrro

“Lo que ustedes tomaron por mi cuerpo no eran sino desperdicios de mí mismo, desperdicios del alma que el hombre normal no acoge.”
Antonin Artaud (Les péches nerfs) 

MI dolor
Los moratones y las cicatrices son sólo marcas.
Se ven. Se reconocen.
La gente es capaz de intuir
si aquello o lo otro.
Pero el dolor no,
el dolor es transparente-casi-invisible,
acaso una vibración en el rostro
o una súbita contracción del vientre.
Por eso hay que nombrarlo, decir “mi dolor”,
reivindicar su existencia como parte
de un compromiso con la salud pública,
porque a menudo ni siquiera
los diagnósticos médicos o el amor lo creen.
Por eso cada día cruzo las puertas del metro
y salgo al campo de batalla.
Encaro este pulso entre la normalidad con prisas y el dolor y yo.
Asisto a él como las mujeres acuden cada día a trabajar:
con uñas, con dientes.

Este es mi compromiso político:
hacer que corra una suave brisa en los ojos,
que se vea lo que golpea dentro.
Mi dolor es mi dolor y existe:
existe más que yo
Ana Castro

“No existen ficciones sin cuerpo.”
María del Carmen Castañeda Hernández

La mujer sin cabeza
De chica, el alma se me separó del cuerpo. El alma,
o como se quiera llamar a ese aguijón
que se lleva clavado en el pecho y va soltando en la sangre
el deseo de vivir como una medicina
más fuerte que cualquier virus. Se dice que el miedo,
un miedo lo suficientemente intenso puede dejar
al cuerpo solo, y el cuerpo solo no comprende
qué cosa debe hacer consigo, cómo andar por el mundo
sin perderse. Para curarse hay que volver al punto
de partida, al lugar, al tiempo en que se produjo el accidente,
el golpe, la marea de palabras o de actos que impactaron
contra una y la vaciaron por dentro, dejándola así: una caña seca
donde ni los insectos buscan refugio
o alimento. La sangre, dicen, se vuelve agua, un líquido
que no tiene el poder para mantener al corazón en movimiento
y que bombea y bombea pero ya no es
la droga potente que atraviesa
el circuito de las venas sino el fluido espeso,
quieto de una ciénaga donde crecen las alimañas
y un dolor ciego se asienta. El accidente
puede ser cualquiera, a veces
es el choque inevitable entre dos cuerpos:
el día en que caíste sobre mí no pude
retroceder ni defenderme,
conocí el pavor de las criaturas que se enfrentan
a un enemigo muy
superior a sus fuerzas. Entonces no sabía, ahora sé
que perdido por perdido,
es el canto del miedo el que vence al miedo,
el que lo vuelve inofensivo, una serpiente
a la que se le exprime el veneno
de los colmillos. Para que el alma entre
de nuevo en el cuerpo hay que empujarla
con la pobre, cobarde fuerza de los débiles,
como si el mundo fuera fácil de mover
de su eje, como si pudieran detenerse sus leyes,
revertirlas, como si recuperar el alma
que te arrebataron tan temprano
fuera posible.
Claudia Masín


1 CASTAÑEDA HERNÁNDEZ, MARÍA DE CARMEN: El cuerpo textualizado, el texto corporizado . Recuperado de https://www.escritores.org/recursos-para-escritores/recursos-1/colaboraciones/14745-el-cuerpo-textualizado-el-texto-corporizado.

Marisa Bello
Consejo editorial Anfibia

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