“Pero existe una evidencia de las huellas que deja esta lucha en la memoria del lenguaje, del lenguaje que habita al cuerpo, ese cuerpo que habla a través de la experiencia y al que percibimos como algo más que una aglomeración de células, órganos y fluidos: declarar la existencia de una creación poética del cuerpo, y desde el cuerpo. de un cuerpo verbalizado, de un cuerpo capaz de ser interpretado.”1
ELIJA SU CUERPO
CUERPO I. Precuela del lenguaje. Almacén de frecuencias, antesala del pensamiento.
“Me muevo, luego existo.
(…) Antes que la palabra, hay un cuerpo que se orienta, explora y expresa en una lengua muda de gestos que enuncia lo que está por decirse.«
Ainhoa Suárez Gómez
Antes que el lenguaje está el cuerpo que se mueve, patalea, chupa, grita en llanto, ríe, tienta. Experiencia de aire, tomo I: Tentación.
El cuerpo absorbe/emite radiación; un espectro identifica las sustancias.
Frecuencias animales en rangos impensables. Nuestro cuerpo, el mismo y otro, que registró interferencias, distinguió el ruido del aullido, y lo sigue haciendo; el mismo y otro que graba -y grabó- la vibración, que la almacena y comercia con ella: arrastra la ira, la herida, el gemido en forma de onda.
También deslizamientos de la luz, desplazamiento entre el rojo y el violeta.
1
Yo canto el cuerpo eléctrico,
Me ciñen y yo ciño los ejércitos de quienes amo,
No me soltarán hasta que los siga, hasta que responda,
Y los descorrompa, y los cargue a pleno con la carga del alma.
¿Se ha dudado que quien corrompe su cuerpo se oculta?
¿Y si los que profanan a los vivos son tan perversos como los que profanan a los muertos?
¿Y si el cuerpo no obra tan plenamente como el alma?
¿Y si el cuerpo no fuera el alma, qué sería el alma?
Walt Whitman
CUERPO II. El gozado, gozoso, palpitante, regocijado.
“Primero se siente, después se sabe. Yo sentía delectación sin conocer la palabra para nombrar ese goce que es consciente de estar gozando.”
Cristina Peri Rossi
Es puro goce. Goza, la impaciencia se relame y reivindica. Goce es la soledad del cuerpo expectante. El corrimiento existe antes de que exista la exploración.
La complacencia a la espera, la alegría latente escapa por el postigo abierto. La convicción de un posible placer aun sin conocerlo, sin nombrarlo, articulado desde dentro. La fruición.
Esto es un cuerpo en el vestíbulo de las llamas y después ardido y extraordinariamente desordenado, extraordinariamente inteligente, estirado por las palabras.
REVELACIONES
En la noche a tu lado
las palabras son claves, son llaves.
El deseo es rey.
Que tu cuerpo sea siempre
un amado espacio de revelaciones.
Alejandra Pizarnik
CUERPO III. Único lugar.
El cuerpo es el lugar primero del conocimiento, es nuestro canal para recibir y dar: primero una garganta, pero también el aire nos rodea; peleamos en calor, en frío, en oscuridad menguante, en fricción, en brisa. Toda su sabiduría es tentada y recibida.
El cuerpo transfiere fronteras a su cartografía epidérmica, delimitando el yo. Un cúter que se rasga a si mismo frente al resto, el todo seccionado antes para otra existencia. Un territorio permanente cuya memoria se pone en funcionamiento preparada para la danza o el gesto, organizando de este modo la experiencia.
Juego de interior y exterior, él lo percibe y lo establece; irreal o validado, aunque siempre en continua formulación con su cordón umbilical cuyo otro extremo es la duda, el orificio.
Autoretrato
Suculenta albóndiga de tierna ternura,
empanada rellena de grillos y canciones,
mamotreto de versos perfumados,
crisálida de gusanito de seda.
Falda de saco o pantalón vaquero,
sostén de manos bordado en uñas.
Busto, a gusto del consumidor elegido
y fuertes piernas
con suaves cicatrices
en ambas rodillas desconchadas.
Gloria Fuertes
CUERPO IV. Albergue, entraña. Cuerpo transfigurado que se altera, se desdobla. Otro ser relacional.
«(…) La conciencia debió empezarse a formar
entonces, en ese instante terrible en que hubo que abrir los ojos y
respirar, y el abrazo de la verdad maternal, donde ningún esfuerzo era
necesario ni posible.»
María Zambrano
Un cuerpo sale de otro cuerpo, de otro cuerpo anterior y, así, muñecas rusas infinitas abandonan el refugio gestacional, es la caída hacia una gravedad ignorada.
Precipitadas al conocimiento motriz-carnal, a la palpación del mundo.
Mazorca de matriz desgranada en semilla, rasgada de su fibra.
Y ya nunca más el cuerpo será uno.
El abordaje del cuerpo material que mece, succiona y es succionado; cuerpo orgánico que pare, repara, rítmicamente una entraña casi desprendida.
Experiencia primera de líquido en acogimiento térmico. De amparo. Dentro-fuera indistinguibles, hasta el frío o la memoria.
Como náusea, como impulso, como clausura del canal que suaviza la separación del todo previo. El viaje que se inicia desde la sombra fértil y concluye, en apariencia, con su nudo cicatriz.
Parto II
Te sajaron el vientre.
Te encharcaron el cuerpo.
Te crujieron el útero.
Te aumentaron la dosis de benzocaína.
Te preguntaron sobre apellidos
y tú balbuceaste sobre lindes y matojos.
Para sentir difuso,
(como en los autos de choque)
cerraste los ojos
y esperaste el impacto.
Nacer no es una metáfora,
es un estrépito.
Isabel Navarrro
CUERPO V. Desglose del cuerpo.
“Lo que ustedes tomaron por mi cuerpo no eran sino desperdicios de mí mismo, desperdicios del alma que el hombre normal no acoge.”
Antonin Artaud (Les péches nerfs)
Cueva y cadáver, miembro y fantasma de sus partes. Un régimen dictatorial de hambre, de orina, de heces nunca acariciadas, de fragmentos posibles.
Tipología infinita: llanto, niebla, devoción, esfínter, vello, metástasis, mensajes encriptados, pulmón, presión, puño, asfixia, obsturación de dolor.
Miro mi cuerpo sesgado -casi en plano cenital- unos pies sosteniendo el día, frío nocturno, onicocriptosis eterna, todo lo que crece se incarna, también la pérdida se incarna. Uñas que van contra sí mismas.
La carne, el hueso, tejidos sobre los que se imprimen facturas ilegibles; un dispensador de citas no cumplidas almacenado en un trastero.
MI dolor
Los moratones y las cicatrices son sólo marcas.
Se ven. Se reconocen.
La gente es capaz de intuir
si aquello o lo otro.
Pero el dolor no,
el dolor es transparente-casi-invisible,
acaso una vibración en el rostro
o una súbita contracción del vientre.
Por eso hay que nombrarlo, decir “mi dolor”,
reivindicar su existencia como parte
de un compromiso con la salud pública,
porque a menudo ni siquiera
los diagnósticos médicos o el amor lo creen.
Por eso cada día cruzo las puertas del metro
y salgo al campo de batalla.
Encaro este pulso entre la normalidad con prisas y el dolor y yo.
Asisto a él como las mujeres acuden cada día a trabajar:
con uñas, con dientes.
Este es mi compromiso político:
hacer que corra una suave brisa en los ojos,
que se vea lo que golpea dentro.
Mi dolor es mi dolor y existe:
existe más que yo
Ana Castro
CUERPO HEREDADO VI. Propiedad o usufructo.
Y solo, y siempre, el cuerpo.
A veces nudo cuerpo, lugar pertenecido, pero no disponible, no en uso, no en venta. En él nos albergamos sin ser albergue, sin ser refugio. El cuerpo que solo ocupa, molesta, limita.
El cuerpo que usamos para no ejercerlo: los ojos, los oídos, el tacto, la respiración, la enfermedad… emplear el cuerpo para negar el cuerpo, emplear el cuerpo para dañar el cuerpo, la contradicción no solo en el envés.
A veces, cuerpo en usufructo, usado, disfrutado, volador de delirios. El cuerpo que gime en jornadas de puertas abiertas, que rompe la física, que aclama el impacto. El cuerpo que se ofrece a ser fragmento, enarbolando la sangre. Un préstamo de rompimientos. La contradicción anclada en su impacto.
CUERPO VII. El cuerpo esquivo. Supremacía de las ideas o dominio del pensamiento.
“No existen ficciones sin cuerpo.”
María del Carmen Castañeda Hernández
El cuerpo como página arrancada, llorado en blanco, apenas garabateado en sulfuro. La verborrea en el cuerpo apenas sin decibelios pero sí en el hematoma, pero sí en las varices.
Vello púbico suprimo, arruga encarcelada, el fajado del pecho. Superficies de un texto reprimido.
La mujer sin cabeza
De chica, el alma se me separó del cuerpo. El alma,
o como se quiera llamar a ese aguijón
que se lleva clavado en el pecho y va soltando en la sangre
el deseo de vivir como una medicina
más fuerte que cualquier virus. Se dice que el miedo,
un miedo lo suficientemente intenso puede dejar
al cuerpo solo, y el cuerpo solo no comprende
qué cosa debe hacer consigo, cómo andar por el mundo
sin perderse. Para curarse hay que volver al punto
de partida, al lugar, al tiempo en que se produjo el accidente,
el golpe, la marea de palabras o de actos que impactaron
contra una y la vaciaron por dentro, dejándola así: una caña seca
donde ni los insectos buscan refugio
o alimento. La sangre, dicen, se vuelve agua, un líquido
que no tiene el poder para mantener al corazón en movimiento
y que bombea y bombea pero ya no es
la droga potente que atraviesa
el circuito de las venas sino el fluido espeso,
quieto de una ciénaga donde crecen las alimañas
y un dolor ciego se asienta. El accidente
puede ser cualquiera, a veces
es el choque inevitable entre dos cuerpos:
el día en que caíste sobre mí no pude
retroceder ni defenderme,
conocí el pavor de las criaturas que se enfrentan
a un enemigo muy
superior a sus fuerzas. Entonces no sabía, ahora sé
que perdido por perdido,
es el canto del miedo el que vence al miedo,
el que lo vuelve inofensivo, una serpiente
a la que se le exprime el veneno
de los colmillos. Para que el alma entre
de nuevo en el cuerpo hay que empujarla
con la pobre, cobarde fuerza de los débiles,
como si el mundo fuera fácil de mover
de su eje, como si pudieran detenerse sus leyes,
revertirlas, como si recuperar el alma
que te arrebataron tan temprano
fuera posible.
Claudia Masín
La vuelta a la bitácora para registrar un mundo.
1 CASTAÑEDA HERNÁNDEZ, MARÍA DE CARMEN: El cuerpo textualizado, el texto corporizado . Recuperado de https://www.escritores.org/recursos-para-escritores/recursos-1/colaboraciones/14745-el-cuerpo-textualizado-el-texto-corporizado.
Marisa Bello
Consejo editorial Anfibia