La Realidad
Había un lapón y un triángulo isóceles. Nombre de isobara para un Sócrates judío individual y egolito. De subte de Nueva York a medianoche y libro suavemente fotografiado de desnudos masturbantes de California. De equimosis de tundra en la esquina de Times Square y Riga.
Un desnudo victoriano de self-improvement y pata de piano enfundada. Porque, si lo desea en el segundo nivel, plataforma AA, explota el meridiano de Greenwich y las horas inútiles anegan la fortaleza. ¿Puede una blanca mujer joven desear al marinero a medianoche en un submarino de Nueva York?
El lapón veló un iglú con la garganta. 1000 niñas judías bailaron una ronda en Damasco. Catalina resoplaba mientras Potemkin irrumpía en la aurora y el siglo viraba anfibio.
No, una mujer buscará otra mujer que calce 38 o 39cm, cuya cintura se corte entre dos palabras con un síncope azul de filamento de estrella y borrasca ecuatorial.
(de Argonáutica, Laertes, 1984)
Verano en Lisboa
a Máqueles Siemens
Una esfera ardiente
y no es sol.
Eclipse, mareas,
túmulo de Don Pedro,
cuentas hechas, la amistad
—manuelino rasgo—
vagar de a dos en vilo.
Tú, de nadie, tan tuya,
yo de mi, islas
y después el invierno.
Mientras tanto
ahora
claro instante
de la facilidad asombrosa.
(de Cartografía ardiente, Verbum, 1995)
***
No hay equilibrio. No lo hay
sobre la mesa sobre la que se apoya
y trastabilla.
Todo es frágil, y tal vez, portátil.
Una se lleva, de aquí para allá.
Y se vuelve a traer, de allí para acá.
Y esto, sin equilibrio, a punto de caer.
Eso que ve, escapa cuando se incorpora.
Vertical, el sueño se desliza
como una túnica de seda hasta los pies.
Y algo que está abajo, invisible, lo absorbe.
Entonces, se pone a vivir.
(de Fragmentos de un diario desconocido, La Palma, 2017)
***
a Julia Uceda
Atraerla a tu sueño
pero la otra está quieta,
densa.
De cerca
columna hormigueante
con leyes, archivo,
y su propio sueño,
áspera copia
día tras día.
Mejor así,
cerrada, palpitante,
a veces ráfaga
volviendo mis páginas:
hago pie
en párrafos inéditos.
(de Lugar Vertical, Igitur, 2013)
***
En cuanto lo escribo cristaliza
—dice ella—
como si las palabras en contacto con el aire
o mejor dicho la tinta,
fijara la impresión.
Pero no hay tinta
ni hablo en voz alta.
Apenas me lo digo
se forma un laguito pequeño
en la corriente de pensamientos atropellados,
un laguito aprisionado en un recodo
en un remanso
y así mansa viene a la mente
la formulación.
¿Y cómo sé que está acabado?
No lo sé
sólo en suspenso…
Tres puntos
como tres miguitas,
una pura anotación nomás.
(de Falla la noche, Bartleby, 2022)


Noni Benegas (Buenos Aires)
Noni Benegas nace en Buenos Aires y reside en Madrid desde 1986. Entre 1980 y 1986 alterna Ginebra con Barcelona, donde tiene encuentros decisivos con José Ángel Valente y José María Valverde, que prologa su primer poemario Argonáutica (1984). En París conoce a Paul Virilio, teórico de la velocidad, del que traduce su Estética de la desaparición (1988, 4ta.ed 2006), y da a conocer a través de numerosos artículos.
Ha publicado entre otros poemarios: Fragmentos de un diario desconocido (2004 y 2017), y De ese roce vivo (2009) ed. crítica 2023 en Genialogías, colectivo de mujeres poetas al que dio nombre y del que forma parte. Burning Cartography (2007 y 2011) compila su obra en inglés y Animaux Sacrés (2013) en francés. En español: dos antologías recogen su trabajo: El ángel de lo súbito (FCE 2014) y Como de otra orilla, (Kalathos, 2025).
Es militante de la cultura gay-lesbiana, que introdujo en los 90 en Madrid a través del ciclo “El Saber Gay” en la Filmoteca Española, y el Círculo de Bellas Artes. Es autora de la emblemática antología Ellas tienen la palabra: Dos décadas de poesía española (4ta. ed. 2008, reeditado por FCE en 2018).En 2019 Ellas resisten recoge sus escritos sobre mujeres artistas y poetas. En 2022, CentroCentro Cibeles de Madrid homenajeó su trabajo ensayístico y su poesía visual, con la exposición y el libro homónimo CiudadAdentro a la vez que aparecía su poemario Falla la noche. En el otoño de 2026 Fondo de Cultura Económica publicará sus minificciones: Gente minúscula de pie.
¿Cómo surgen tus poemas? ¿Cómo se gesta tu escritura? ¿Nace ya como un ser completo o ha de ser incubado al calor de otros mundos?
Tomo notas en un cuaderno que tengo en la mesa de noche. Algo viene e insiste y lo registro. Luego lo paso a un diario que llevo en el ordenador. Y voy acumulando cosas. Pasa el tiempo, releo como si fuera de otra persona, y elijo lo que me interpela. Corrijo, armo, etc.
El libro de la revelación y el camino dice, “la labor de aproximar lo inconsciente a la parte consciente es una tarea que ocupa toda una vida”. ¿Hasta dónde lo logras, quedas alguna vez satisfecha? O, lo que es lo mismo, ¿cuándo es el momento de abandonar un poema?
Siempre he trabajado con el inconsciente, sean sueños, o cosas que me vienen apenas me despierto, o cuando ya estoy agotada por la noche. Busco los intersticios e intento burlar a la censura. No tengo respuestas, a veces alguna afirmación, casi siempre dudas… El poema queda abierto; vivir es un continuo.
¿Cuál es tu fuente nutricia? Descríbenos tu cadena trófica. ¿Qué ecosistemas poéticos o artísticos nos querrías recomendar? Lugares escondidos, secretos u olvidados.
Tras trabajar con la asociación libre por haberme empapado de joven en el surrealismo, o anotar los sueños para imponer otra lógica a la vigilia, busqué consignar las emociones antes de vocalizarlas, mediante mi especial técnica de poesía visual.
Tomo carboncillo y sanguina en la mano, cierro los ojos y descargo la fuerza del pulso sobre el canson. Porque antes de la palabra hubo un gesto. Es decir, antes de escribir lo que siento intento averiguar cómo siento lo que me pasa, o sea, tomarle el pulso a esa emoción a través del sismógrafo que es el papel y el trazo de carboncillo.
Y hacer esto con palabras es mi desafío actual. No encerrar la percepción de lo que experimento en vocablos y giros dictados por el acervo de la lengua, que habla por nosotros como quien escribe de memoria, sino demorarme en la actualidad de una emoción y dejar que se tome el tiempo de decirse.
¿Cómo se sobrevive a la parte no-poética de la difusión de la obra? ¿Cuesta defender tu especie rodeada de depredadores o sistemas que te obligan a cambiar tu color de piel ocasionalmente?
La falta de difusión de las autoras fue un problema que me motivó y exploré para buscarle un sentido.
Así, reelaboré una posible historia de la poesía escrita por mujeres en nuestra lengua, y pude aplicarle la teoría del campo literario para conocer las razones de nuestra exclusión, extrapolable a otras artes y oficios.
Y aunque se dice que el tiempo hace sus antologías, tuve la suerte de frenar en seco la tendencia a excluirnos de ellas a partir de mi “Ellas tienen la palabra” (Hiperión 1998), cuyo ensayo introductorio está disponible por menos de 10 euros en una preciosa edición de Fondo de Cultura Económica de 2018.
¿Cuál es tu organismo vivo favorito?
La medusa inmortal –Turritopsis dohrnii- que cuando sufre estrés, se transforma en una etapa vital anterior. Y al volver a esa vida previa suya como pólipo, crea más organismos con el mismo código genético, así que al rejuvenecer también se clona a sí misma.