trapiche cósmico la oscuridad
molienda de mí
***
sola y
alguien me observa
la mujer del cuadro sostiene unos prismáticos
desde siempre
***
no puedo ver lo inmenso y oscuro
pero yo amo de lo oscuro al que escucho cantar
***
sola
a oscuras
en silencio
en la lejanía alguien
tose
***
me canta la madre
me canto
canto a la hija
soy madre e hija de mí
trenza sola
adagio oscuro
***
dad algo vuestro
una pluma es suficiente para hacer resonar un tambor
***
la mujer de la tiniebla
recoge el carbón de la tiniebla
pero ¿quién aporta
todo el capital de esta negrura?
***
la oscuridad es inmensa
como una pupila
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De suma noche (Godall, 2025)

Blanca Morel (1970, Madrid)
Blanca Morel explora las posibilidades del poema en otros lenguajes creativos más allá de la escritura a través de su perfopoesía. Es licenciada en C.C. de la Información por la Universidad Complutense de Madrid y cuenta con una maestría en Literatura Comparada y Crítica Cultural por la Universitat de València. Imparte talleres de creación poética y narrativa en la Red de Bibliotecas del Ayuntamiento y de la Comunidad de Madrid, así como en distintos espacios culturales. Ha participado en festivales de poesía nacionales e internacionales. Sus poemas aparecen en diversas antologías, la última publicada en 2022 lleva por título [Ex]centricidad. 11 poetas que abren camino en la poesía española contemporánea (1959-1986) (Ed. Celya). Ha publicado un libro de relatos titulado Misión secreta (Ed. Malbec, 2019); en poesía sus títulos publicados son: Bóveda (2008, Ed. Amargord), Pájaro sangre (2016, Ed. Baile del Sol), Pan impuro (2017, Ed. Ruleta Rusa), La ladrona (2018, Ed. Kokapeli), No hay domingo al oeste de Omaha (2019, Ed. Tigres de Papel), Polvo (2023, Ed. Eolas), la antología poética Hoja santa (2024, Ed. Nautilus) y suma noche (2025, Godall Ediciones). Es integrante de la Asociación Feminista de Mujeres Poetas “Genialogías” dedicada a la difusión de la poesía escrita por mujeres.
¿Cuál es tu fuente nutricia?, ¿de dónde mamas? Descríbenos tu cadena trófica.
Soy omnívora, me gusta la prosa y la poesía, también lo que no es prosa ni poesía. Me gusta bastante desgarrar y chupar. Soy oral compulsiva, vivo recordando que no debo comerme las uñas. Me obsesiono con algunas canciones o poemas. Leo para conectarme con una belleza humana/ sobrehumana/transhumana y preciosa que se halla en el lenguaje y que no tiene que ver con el concepto normalizado de belleza. He hallado poemas que llegan con su propia música, como los de Juan Carlos Bustriazo Ortiz. Cuando leí por vez primera “Huesolita”, el poema cantaba solo, esto no es habitual claro, pero a veces la poesía nos entrega momentos increíbles. Me alimento de lo cotidiano y también del arte y del pensamiento. Me encanta sumergirme en una imagen, puede ser un cuadro, una escultura, conectarme con lo simbólico o con lo superficial, depende de la propuesta…pero también me interpela el pequeño insecto que pasa junto a mí. Soy una atenta observadora de insignificancias. Tengo una tendencia a quedarme alelada, inmóvil. Mamo de la mente de otros seres humanos a través de los libros, el cine, la música… también me conecto con las piedras, las plantas, animales. La sabiduría y el amor a veces fluyen de recónditos lugares y de seres y cosas de las que no sospechamos. La poesía es la manera en la que me conecto con todo esto. La clave podría ser cómo miramos el mundo y cómo el mundo nos mira.
¿Cómo surgen tus poemas? ¿Qué chispazo desencadena el primer verso? ¿Cuál es el primer latido que inicia la vida de un poema?
Depende. Por ejemplo, mi último poemario suma noche surgió de unos apuntes nictográficos que realicé en un retiro en completa oscuridad. No tenía intención de escribir un libro de poemas, lo único que quería era dejarme llevar por mi deseo de escribir a oscuras con un nictógrafo. A posteriori entendí que allí había un libro, pero lo tuve que traer a la luz, como si desenterrara poemas que estaban sepultados. No sabía dónde comenzaba el poema y donde acababa. La escritura nictográfica la realice de manera continua sin espacios entre palabras.
¿Eres una escritora adaptativa, necesitas un clima, un biotopo concreto?
Escribo poesía con más facilidad que prosa. Para la prosa necesito organizarme y echarle más horas, es algo artesanal. En cuanto a la escritura de poesía fluye, otras veces me posee. Tengo pequeños rituales como encender incienso o aromatizar el espacio; a veces he escrito con música, es interesante ver el ensamble que se produce con la escritura.
¿Cuál es tu diario de lecturas, tus referentes, poéticos o no, en estos momentos? ¿Qué ecosistemas artísticos, lugares escondidos o secretos nos querrías recomendar?
Tengo una deuda simbólica con Leopoldo María Panero, conocerle fue muy importante para mí para retomar y afianzar mi poesía. Por otro lado últimamente leo mucha literatura escrita por mujeres, creo que nos pasa a muchas autoras que de jóvenes no tuvimos el acceso que existe hoy en día a referentes literarios femeninos. Clarice Lispector me voló la cabeza cuando la descubrí. Fue increíble sumergirme en su libro La manzana en la oscuridad. Luego está La pasión según G.H., un libro increíble de iniciación. Se puede hablar de él en clave literaria pero es más que eso, es un texto inspirado de profunda sabiduría y espiritualidad. En poesía ahora mismo estoy releyendo a Joyce Mansour y a Gertrud Stein. Dos ecosistemas muy distintos pero ambos sumamente salvajes, a nadie pueden dejar indiferentes, para bien o para mal. Y no puedo dejar de recomendar la colección “Genialogías” de la editorial Tigres de Papel, una selección de poemarios imprescindibles escritos por mujeres en nuestro país.
¿Cuál es tu organismo vivo favorito?
Podría ser el axolote, es muy mono…. No sé si conocéis el relato de Julio Cortázar. Yo lo leería por precaución antes de ir a un acuario.