María Solís Munuera

LA BASTARDA

Encuentra su final sobre un calor de asfalto
la culebra bastarda

(también la serpiente de escalera)

Se ha movido en un entorno dócil, campo domesticado
que no es
suficiente calor
para su piel espesa.
Busca el alquitrán.
Pone a prueba
sus miembros eludidos
(solo es visible su literalidad
hasta su muerte humana
por descuido y paisaje)

Ahora alza su cuello,
es
un remedo de cobra con forma de pregunta.
El ofidio ahora es
animal petición
(antes era tambor y silabeo
era casi correr)
y ahora se da la arrogancia de la parada.

La bastarda
repulsa
y existe alrededor, entorno donde ella es la señal.
Transcurre
del columbario a fotos del desembarco
(no existe antecedente de la paz)
el tiempo en que la orquesta
acompasa el corazón con la batalla, anima
hacia la muerte,
el alquitrán

Es el final, y la bastarda goza
el calor seco.

ÁNGEL AZUL

Yo soy quien te disfraza de payaso.
Te hace avanzar
sobre la tarima hasta el proscenio y
frente al pueblo que exige tu desnudo,
cloquear hasta el grito.

Te he despojado de lo que habría sido tu bondad.

En tus islas se consiguen esclavos.
Bajo la trampilla
hay chillido y hay canto
de llamada
(compones melodías).

La embocadura es el lugar de la venta.
El tratante tensa vuestros labios,
exhibe vuestros dientes
(carcajada-rigor)
después de desvestiros.

FRANKENSTEIN (AGENESIA)

“Frankenstein” es una novela
sobre la soledad. Deseo
de una criatura intacta no nacida
abocada al empeño
de la cesura.

No recibir ni dar la bienvenida.
No iniciar.
No devenir.
Maldición de
ser el cuerpo constante.

Mary, están aquí
las galeras del frío.
Las letras blancas.
Ya camina
tu formidable y alba deformidad
sin nombre ni madre.
Lo que fue una promesa.

Suma de varios hombres
(cómputo de vanas esperanzas),
cómo no odiar
a los que pueden ver.
A los reflejos.
A los amantes y a los amados.

Cómo no perpetuarse en la rapiña
(el glaciar es
ausenciade ave-augurio),
en la responsabilidad de aquellas muertes,
cada particular ejecución.
La insistencia que nutre cada mito.

DUNA

la duna como único atractivo de la provincia
la preservada arena sedentaria su jarra verde
una jarra plana no hecha para contener agua un pez plano lineal de frente la sola existencia de
los lados que se tocan por dentro mismo flanco de pez mismo flanco de jarra el flanco y su
reflejo y nada dentro perfil de pez que nada con su inverso
sin pigmento el costado sobre el que duerme
sin pigmento en el costado que le camufla
dos ojos en un lado
una jarra sin agua un pez nada de lado una ordenanza pública disuade
pisar la arena erosiona la arena y así la belleza de la provincia
si hubiera un pinar enterrado en esta duna armadura de pinos que sostienen la arena un
centenar de pinos armadura con su madera blanda mantequilla copas que asoman manos de
agujas verdes
nombrar las partes de las piedras que asoman adivinar las formas enterradas
esta versión del viento
una butaca roja y un gran cepo a los pies reposapiés en ocho atemporal
oscuro un compresor voraz prestidigitador y dos cajones
tras el respaldo un órdago si pudiera llenar la habitación
un caracol en sombra
esta promesa autómata que habita el campanario se pone en evidencia si trata de bailar
arena aquí también hay hombre
retráctiles ojos de caracol
una maceta su diminuta plaga indestructible su conducta su ética
su castigo doméstico y divino la cercanía mayor a lo invisible
están muertos y no hay donde enterrarlos
el olor como plano de la provincia
en las ventanas partes de la duna
los cuerpos enterrados verticales

LOS VOCABLOS INGENUOS

Es la hora de los ojos abiertos sobre la hierba,
manto devorador de la memoria,
máscara pintoresca de la muerte.
Llega el caballo de la memoria y de la muerte.
Regresa tu caballo.
Su lengua exhausta tira de la boca.
Es tuyo el tejido rígido de lilas.

Conoces el vestido. Cada paso.
Cómo aumenta.
Cómo se encoge el cuerpo en su mitad.

En qué país estás.
Qué hora. El nombre de qué rey.
El trazo torpe vuelve, los números
se agrupan y arrinconan.
Dilapidan honor.
Se trasvasan la mínima importancia.

Contra la obcecación, la tierra
tiembla. Se hace hueca. No
evitas su vacío.
(Relinchos y, del otro lado, los discursos brillantes).
Decreces
hasta que incluso mueren
los vocablos ingenuos.

De La isla ungular. Fábulas e incursiones (BajAmar, 2024)

María Solís Munuera (Madrid, 1976)

Licenciada en Bellas Artes y Economía, trabaja en la Red de Bibliotecas Públicas de
la Comunidad de Madrid.
Su último poemario, La isla ungular. Fábulas e incursiones fue publicado
Bajamar en 2024. El primero, Mortífero, ingenuo y transparente (Vitrubio, 2014),
resultó elegido por la Asociación de Editores de Poesía entre los libros recomendados
de ese año.
Sus poemas también pueden encontrarse en revistas (Revista Aúrea, Nayagua,
Cuadernos del Matemático) y en antologías como In Absentia (Nanoediciones,
2011), Último ahora (Izana Editores, 2013), las correspondientes a diversas
ediciones del festival Voces del Extremo o En legítima defensa. Poetas ante la
crisis
(Bartleby Editores, 2014). Ha participado en encuentros de poesía nacionales e
internacionales (Ecuador, Francia, Puerto Rico, República Dominicana o Bélgica).
Forma parte de la asociación feminista de mujeres poetas Genialogías.

Facebook: https://www.facebook.com/maria.s.munuera
Instagram: @munueram
https://eldobledeldentista.blogspot.com


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