María Torvisco

elogio del giro

siempre, siempre, hacia el encuentro siempre
de asuntos gramaticalmente
indecibles, hasta descubrir
que llegan por donde nunca nadie ha hollado.

Y esta sucesión de giros al caer
las piedras sobre el agua
y esta infinita soledad.

Entre el símbolo y la respiración
queda el sonido de todos los labios,
besando el tiempo y las ideas.


Éramos giróvagas en aquel extravío
descubrimos romances.

Aquel estado de resonancia consiguió
que me quedara dentro del vuelo de tu risa.

escombros, escuelas y hospitales

sabíamos del tiempo a través de la risa
de los niños,
lo veíamos en la levedad
de las libélulas, en nuestra idea
de pensar los días.

Nos visitó la luz blanca, el estruendo,
el tiempo descolgado se clavó en nuestros labios.

De nuevo nubes y mañanas sin
miradas, los lugares mutilan
mientras rompe el nácar del mar
y el arrecife exhibe su aire inhabitado.

El sol solloza soledad humana
y la galerna agita los árboles.

La veladura del lenguaje
cubre de cristal las palabras.

la sombra de un juguete

la sombra de un juguete está llena de voces
blancas, pequeñas, como copos
de nieve, sin ventisca, cayendo, tiempo lento.

No se olvidan de nada, vuelven y nos devuelven
la lírica del tiempo ido
la leve luz que luce en esas horas.

Se extienden por el mármol y producen
los acontecimientos poéticos
que nos perturban al fin de la tarde.

Los tanques nunca llevan lirios

el viento que vigila nuestros acantilados
sabe que sus paredes están hechas
de restos de sucesos despeñados
de sueños verdes y posibles brechas

su mirada antigua

permanece observando las gaviotas
y sabe del estruendo de las olas
del sueño de la luz y de sus gotas
junto al silencio de las caracolas

desea que no desaparezcan más especies.

Nosotros mientras tanto
seguimos siendo heridos, albatros asustados
surcando el temblor de la belleza.

niebla

a veces vivo ávida de voz
no necesito vuelo
venteo el viento, ando por la niebla
del instante

esquivo la oquedad de las vagas ideas,
su repetición,
ordeno los centímetros del tiempo
protejo mi pisada

siento el palpitar de la lluvia,
todavía no llueve,
la humedad del silencio
se posa en mis párpados

voy hacia lo que ocurre
cuando los hombres giran la cabeza
desesperadamente.

(Inéditos)

María Torvisco

Autora del poemario Fractura (Cuadernos del laberinto, Madrid, 2015) y Fabricaba espejos y las  calles se multiplicaban, en colaboración con Marisa Amador (Cuadernos del Laberinto, 2025).

Ha participado en varios proyectos colectivos: Esta boca es nuestra (Ediciones del Centro de Poesía José Hierro, 2005), El nombre de los peces (La Piscifactoría, 2009.) Plaquette poética-objetual en formato cartel (Ed. La Piscifactoría, 2010) y las antologías: In Absent(i)a (Nanoediciones, colección “Singulares-005”, 2011), IndignHadas (Unaria, 2012), Atlas poético. Viajeras del siglo XXI (Cuadernos del Laberinto, 2013), En legítima defensa (Bartleby, 2014) y ErotizHadas (Unaria, 2014)


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