Eva Chinchilla

Enambaradas

Tenían que haberla conservado en ámbar
cuando escribía así,
como si una poeta fuera alguien
a quien alentar, a quien dejar en paz
y prestar atención solo cuando la necesitara,
pongamos por caso cuando llegara con sus versos listos para entregar a la comunidad

Podían haber preservado su función de poeta
con preguntas sobre sus necesidades como poeta
y brazos abiertos a cualquier respuesta
o sin pregunta alguna, pongamos por caso dejándola revolotear,
sin añadir ruidosísimas propuestas a las interferencias que de por sí opacaban su vida, como la vida de todos, en la gran ciudad

En ámbar, cuando todavía escribían así.
También cuando se alargaban sus emisiones, como si trataran de mostrarnos un camino, un buen camino durante su transcurso, lo que se dice
caminata, qué buena caminata

Como si no fueran solo ellas de sí, sino a través de las palabras, de sus
lenguas maternas ellas de quienes
las recibían en sus casas y en la vida de su comunidad, espacios
cerrados o abiertos pongamos por caso
un aeropuerto, un tanatorio, una plaza ajardinada
-aeropuertos, tanatorios, plazas ajardinadas-
el ala de oncología de un hospital, un puente urbano
lugares cerrados donde aún se respeta el silencio que se entra a buscar

Enambaradas

en su dedicación, no tanto publicadas

como vueltas públicas,
acogedoras siempre visitables
necesitadas en su insustituible función


Nana para seguir durmiendo
como si mamá no fuera a morir nunca

Al cobijo del árbol, quiero sentarme.
Bajo su sombra fresca, estarme a madre.

Llamas madre a la sombra de aquellos árboles,
que en hilera se ofrecen a tu descanso.
Y recuerdas su mundo, todos sus pasos.

Lo que dijo, sus hechos, lo que no hizo,  
sus aromas, silencios, su ser y estarse.
Cuando llega la noche, sientes su brillo.
Es inmenso y abraza, ese legado.

Tan inmensa y redonda, hoy su ternura;
fluye en lo más interno, y baila y gira.
Llamas sangre que sueña a la luz de luna.

A la sombra de l’árbola, quiere sentarse.
Al frescor de su seno, estarse a madre.

                        A nuestras hijas, a los hijos de Gaza (2024)

(Inéditos)

Por fin me voy:
En un cielo sin lluvia, una luna tranquila.
Puro es mi corazón.
Senseki (1742), a la edad de 30 años

En un cielo sin lluvia
a tu cara de luna, le lloro yo, ay
en un cielo sin lluvia

Vine al mundo con las manos vacías,
Descalzo lo dejo.
Venir, partir:
Dos sencillos sucesos
Que se entrelazaron
Kozan Ichikyo (1360), 77 años

Con las manos vacías, así he venío,
y los pies descalzos, así me voy.
Venir, partir, tan sencillo como lo cantes,
tan sencillo, venir, partir, de este mundo
tan, tiriqui tran, tran tan
sencillo  

                                                                      

(Para dejar a la lluvia o tender al sol)

Se seca, la pena, se seca

se seca como una sábana,

déjala extendida al aire

que la pliegue y la revuelva,

la revuelva y la revuele

                     deja a la pena que juegue

                     que ella a ti no te ha hecho nada

de Deshacerse (2022)

***

La piedra que mide lo profundo de un poema
está destinada a morir

Como ave que se lanza a lo hondo del lago
y certera, el silencio es su presa,
somos presa de su silencio

La piedra que mide lo profundo de un poema
está destinada a morir
en silencio

Somos un instante imagen: la piedra que cae
y eternidad de la piedra cayendo,
lo que va a emerger en lo que miramos,
lo sumergido en lo que no vemos

Mas en su muerte nunca muere

A ambos lados del agua
nuestra vida se duplica
sin reflejos

de Verbo rea (2003)

SONY DSC

Eva Chinchilla, evachin

Textos: autora de los poemarios Deshacerse (2022), Años abisinios (2011, finalista de los Premios Addison de Witt), Verbo rea (2003). Entre las antologías poéticas en las que participa, destacan:  Estruendomudo (2003), Hilanderas (2012), India velada (2022). Ha publicado poemas y relatos en distintos medios y colabora habitualmente con reseñas literarias en la revista de poesía Nayagua, a cuyo Consejo Editor pertenece desde 2009. 

Tejido: Ha coordinado talleres de poesía, lectura y escritura en ámbitos diversos, como el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía (Proyecto Arte y palabra) y la Fundación Centro de Poesía José Hierro (donde sigue).  Desde 2010 se ha especializado en acompañamiento literario para dar fin a obras de poesía, relatos e hibridación.  Ha pensado en común lo poético en contacto con lo performativo y otras artes, invitada por otrxs artistas, principalmente en Madrid, entre ellas: por el pintor Siro/Boris Franco (Epigénesis, 2019), por la artista audiovisual y multidisciplinar Marta Azparren (Proyecto Alephs, 2013), por el actor y performer Jesús Barranco (proyecto Fedón, 2009). Junto a la poeta Maria Salgado en 2kilitos, (2009) y en Poesía y jazz, junto al pianista Andrés Kaba (2004). Fue coeditora junto al poeta Jorge Luis Morales de la colección de poesía diminutos salvamentos. Es andariega del camino del haiku a la sombra del experto Vicente Haya, de Shiki y de Taneda Santôka. Fan del Seminario euraca e integrante de la Asociación Genialogías de mujeres poetas. Nacida en Madrid, actualmente reside en la provincia de Castellón.     


Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

You May Also Like