desde que esta casa no es
un marco, armamos un idioma
a la manera de sara gallardo:
animistas, alucinadas, encontramos
las semillas que se ocultaban
entre las grietas. entonces,
en la cocina, las colocamos una
a una sobre la tierra de los tiestos
y esperamos. son un misterio
en huida, un dialecto frágil, algo
que no podemos domesticar.
De Mira la palabra cómo brilla (Pre-textos, 2026)
***
a todos los otros lugares no
mandamos emisarias: atomizadas
sería como enviar un universo cerrado.
mejor ir dejando, en el suelo, cantos
blancos que conduzcan hasta aquí.
y por si llega el día en que nos toque
marcharnos dejamos pruebas
de vida: no un pedestal que cierre
la conversación sino un altar,
no un gesto sino una palabra
recién nacida, no una biblioteca
sino un enorme palimpsesto,
un artefacto, un montón de huellas,
el eco de una rave, un paréntesis,
varias fantasmas que digan: venid
a ocupar esta casa.
De Mira la palabra cómo brilla (Pre-textos, 2026)
en 1995 mi poeta favorita escribe una antropología del agua.
dice que ha venido hasta aquí para grabar con su cámara el deseo.
envidio su insondable corpus de referencias el tiempo para el
estudio
que sepa hacer de toda cita un artefacto
más cerca del sexo que de la academia.
en el libro son indisolubles materia y verbo
hay fronteras sudor sed algunos nombres antiguos.
en el libro es imitación la vida imitación la escritura
pequeño arroyo el camino a la vejez
son tan bruscas las palabras.
yo aún no soy vieja pero las venas de mis muñecas son un lecho
que se va ramificando.
en el libro el deseo es una cosa móvil
frente a lo que permanece está lo que no permanece.
la pérdida la muerte son un peligro normal en el cauce
de una investigación dicen los antropólogos.
el deseo crece redondo como un melocotón
que después rebosa y se pudre y de las manchas se hace un mapa.
capturar el deseo es tan difícil como tratar de describir tus manos.
el deseo es una campanita que suena bajo el agua.
todo tratado de hidrología es un libro sobre sexo
que conduce a los peregrinos hasta una orilla y observa.
De Mira la palabra cómo brilla (Pre-textos, 2026)
la nieta
hijas, avisad a vuestras madres:
no tiréis absolutamente nada.
para recuperar la historia de las desposeídas
acudiremos a la orilla de los albañales.
arremangadas, con los pies entre la tierra,
buscaremos papelitos, diarios escritos en minúsculas servilletas,
listas de la compra, iniciales bordadas,
recetas de cocina, poemas sublimes.
estas son nuestras pruebas de vida.
abogamos por una cartografía de lo insignificante,
de lo diminuto, de lo ordinario.
nuestra historia es la de los desechos:
escombro contra museo,
bordadura frente a archivo,
las bibliotecas se completan en los vertederos.
el coleccionista nunca podrá adquirir una voz que tiembla,
caja de resonancia de la otra mitad del mundo.
De Podría poner el mundo (RIL, 2025)
la nieta
antes de que borbotee la olla
y le remuevas dentro las patatas
con el cucharón bueno
para que no se peguen,
agitas sin tocarla la superficie del agua
cantando una copla de imperio argentina
que te enseñó tu madre
y yo intento seguirte
y hacer del dolor un ajuar
y de lo cotidiano un milagro
para acudir abundante a este encuentro
que traza la cronología de tu voz.
De Podría poner el mundo (RIL, 2025)
Helena Mariño (Madrid, 1990)
Escribe, traduce e investiga. Es autora de los poemarios Este frío no es nuestro (Entropía Ediciones, 2019), los bañistas (RIL, 2022) , Podría poner el mundo (RIL, 2025) y Mira la palabra cómo brilla, ganador del VI Premio Internacional de Poesía Ciudad de Estepona (Pre-textos, 2026). Ha traducido Los hijos de enero, de Safia Elhillo (Visor Libros, 2022).
Es parte del colectivo de investigación y creación Una fiesta salvaje, con el que ha sido artista residente en Matadero de Madrid, La Casa Encendida y Espacio Oculto.
¿Cuáles son los modelos de poetas que te dieron ganas de escribir poesía? ¿de dónde nace tu interés por la poesía?
He tenido el gran privilegio de crecer en una casa llena de libros. De adolescente leí mucha narrativa, pero no di con ningún libro de poesía que despertase en mí el deseo de hacer algo similar. Había poemas que me parecían bellísimos, pero los sentía como un artefacto lejano, conmovedor de una forma fría, no sé si esto tiene mucho sentido pero no encuentro una forma mejor de explicarlo.
Escribí mi primer poema a los veintiséis. Para una clase tuve que leer, en un mes, Árbol de diana, de Alejandra Pizarnik, Canto villano, de Blanca Varela y Antígona González, de Sara Uribe, y entonces me di cuenta de que la poesía también podía ser eso y quise imitarlas, ser capaz de pensar como ellas.
¿Ejercitas la imaginación o simplemente ocurre? Si la ejercitas, ¿de qué modo? Si simplemente ocurre, ¿qué cosas la disparan?
Es un tema recurrente en todos mis libros: la imaginación se dispara estando atenta al mundo. No me interesan los libros ensimismados. Me interesa la literatura que se entiende a sí misma como un mecanismo de transfusión. Leo mucho y hablo mucho con las personas de mi entorno, pido recomendaciones de libros, de obras escénicas, de conciertos o de exposiciones. No puedo ir a ver todo lo que me gustaría, así que entonces pido que me cuenten qué han visto mis amigas, qué les ha parecido. Últimamente estamos obsesionadísimas con los libros de Catherine Lacey y con las obras de Alberto Cortés, son tremendamente inspiradoras.
Una manía al escribir, un objeto, un rito.
En un intento quizá tonto de restarle solemnidad, nunca escribo en un escritorio: me siento en el sofá, en la cama, en el suelo. Me resulta práctico porque siempre escribo entre libros y cuadernos que consulto muchas veces. Prefiero la noche a la mañana, pongo música y dejo el móvil en otra habitación.
¿Qué ecosistemas poéticos o artísticos nos querrías recomendar? Lugares escondidos, secretos u olvidados.
Creo que las librerías de barrio hacen un trabajo increíble de generación de comunidad, son lugares en los que se abren conversaciones que no son posibles en otros espacios. Asistan a sus clubs de lectura, vayan a sus talleres de escritura, pasen un rato hablando con la librera.
¿Cuál es tu organismo vivo favorito?
Voy a contestar con algo que es trampa, porque es un compuesto inorgánico, pero después de haber escrito dos libros sobre lo líquido, diría que el agua.
