Pilar Trol

Un hilo
puede:
teje ingrávido
el pesar

La amapola
no es tan frágil
se apuntala:
puede

Un hilo
sabe:
soy pequeño y casi
ahora

No es tan frágil:
no lo sabe
no lo puede

La amapola
se hace viento
sabe:
quiebro y no me
quiebro

No es pequeña
teje
sin sentir la gravedad

***

digo que no estabas
eras transparente más o menos

sabes cómo son las aleluyas de mi abuela?
que repite
“cuando yo muera
cuando muera”
y no se muere

así tú con mi carne
mira un giro mira un trompo
pero nada
no giraste retorciste ni has matado más o menos

mi abuela está fantástica

no sé por qué al girar y darme vueltas de campana
tu seguías transparente

qué dilatas y qué encojes?
porque por qué si digo no
es que estabas raramente abstracto
lo abstracto lo comprendo pero no tenías ojos

a mi abuela le han quitado un estupor de la mirada
pero ella ya sabía
debajo era la casa del guantazo
y está estupendamente

y yo?
un cachito y este otro de la piel
ya no suenan pese al eco

En ninguna torre de mi carne
habías levantado un campanario

Y ahora dale que te dale

mi abuela ya no puede cocinar
ni se ensancha ningún ala al dar las doce.

***

No se hizo de noche ni en las manos ni en la lengua
y sí horizonte

se hizo el sol un gajo y se alejaba sin morder
por encima
era la noche y aguantaba
y si iba a abajo
un gimoteo por el sol

La fruta con los dientes incisivos y molares premolares
no supo ser redonda

un gajo que atardece y no hace noche
desde arriba
con las manos sin simiente
por debajo
tierra llena de dos bocas

No supo la lengua que ahora sabe y canta al sol
sin dentellar

***

tierra tierra y
filamentos de una luz

casi hería la
mirada las raíces
y al poquito se templaba porque el
bosque era redondo y se
enroscaba donde había un
olivar
un meandro de
madera o de pronto la
tinaja de la miel o
musgo tierno

recogía recogía tierra y
luz

afilaba dimensiones sin
querer que hubiera sima ni
montaña ni
un color
y al poquito se
tendía como un
junco era
redonda o el
jolgorio de una abeja

gira gira casi

tiembla el terremoto y al poquito
acariciaba
tierra tierra
recogía
luz redonda
recogía

***

no es que sea
jardín
donde había huerto

ocurre
que se escapan las orugas
riega el polen
se escucha a cada algaba haciendo un trono

a tí
te hiendo un valle en una llama somnolienta

nada estira a cada pie
como un camino sin orugas
o aquel trono del almizcle
sumergido

al valle somnoliento
llega el hilo solamente del desastre

eres muérdago nogal
el diamante lo alabeas

todo fruto que no amarga
eres
sostenido

en sólo un gajo

Pilar Trol (Madrid, 1989)

Nazco en Madrid, el año de la caída del muro, en una familia profundamente marxista. Estudio filosofía, trabajo como teleoperadora muchos años. Ahora no, menos mal, ahora soy profesora de filosofía de ESO y bachillerato. Me encuentro con la poesía por amor y el amor se deshace pero la poesía no. Andrea López Montero publica dos poemas míos en Herbario de amores dulces, en la editorial Piezas Azules. Comparto aventuras poéticas con Marisa Bello y Salomé Ballestero en Anfibia, revista de poesía, hasta hace bien poco. La revista Ceniza escoge algunos de mis poemas en su segundo número y quedo finalista del premio de poemas de amor de la revista Zenda y todo ello me sorprende. Nunca he publicado un poemario, lo haré, pero nunca he sentido la urgencia.


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