DESAPARECER
Una mujer fuerte es siempre vulnerable
y lo comparte como adjetivo entre sus dedos.
Una mujer fuerte conoce los efectos secundarios
y los transforma en consejos sanadores.
Una mujer fuerte cuida sus cicatrices,
sin miedo, porque conversan de estar viva.
Una mujer fuerte entiende que hay una lucha
sobre la hipersexualización que nos envuelve.
Una mujer fuerte no mide los pesos mentales,
detalla las opciones para sobrevivir.
Un mujer fuerte conoce que existe una transformación
de aquello, el antes, el presente, ahora.
Una mujer fuerte escribe sobre su resiliencia
y prende el miedo, lo tóxico, en llamas.
Una mujer fuerte rumia los malos presagios,
pero apuesta con titulares por su cordura.
Una mujer fuerte tiene miedo. Lo sabe,
pero se vuelve volátil, al sentirlo.
Una mujer fuerte escucha su explantación
y entiende que ser planiteta es ya reconocido.
Una mujer fuerte besa, siente, palpita por todo lo nuevo
y deja atrás su anterior cuerpo.
Una mujer fuerte está aquí, ahora, en este instante
y abraza lo nuevo, lo acontecido.
Una mujer fuerte se promete ser
ella
sois vosotras
somos
nosotras
soy.
CORDURA
Existe
una guerra
en mi cuerpo doliente.
Existe y acontece.
Los neutrófilos,
la fiebre,
la herida marchita.
Antibiótico con amplio espectro, dicen.
La tiranía de los sanos.
¿Y la espiga, su mayor angustia y negritud?
¿Y esa claridad como meta?
DIAZEPAM
Mi sentido común
deja un pósit de mi genética
al pie de la cama.
Esta mastectomía no reconoce
a sus expansores y suelta el dolor físico
con un diazepam.
Mi sentido común observa
la fatalidad de mis médicos y languidezco
en una enfermedad crónica.
Suelto un grito. ¡Alto! ¡Terrible!
En la cima de una cordillera.
Mi sentido común declama
un nuevo verso
y el tiempo se agota.
Mi cordura
se encorva y en este instante hablan
de una nueva operación.
A veces, siento lo acontecido,
asumo la distancia
y su presente.
Mi sentido común cierra los ojos,
piensa en lo perdido y mi labio abierto baila
por fin con las aves.
CÁRCEL
Quiero escupir
en tu taza de café.
Ser la mujer
más dichosa del mundo.
Puedo,
tan propio tuyo, ese tuétano.
Casi impertérrita.
Con estos enquistados versos.
Sentir que el amor romántico
está sobreestimado.
Que la brecha
esconde el veneno.
Que el tramadol
no es para ambos.
Me masturbo
en nombre de otros.
Mi saliva en tu taza de café.
Mi divino sexo por el tuyo.
HOSPITAL
Aunque el cáncer
te cubra y el invierno llegue,
sé que existe un lugar
sin nada más, adónde ir.
Aguarda, mi querido.
Antes que la muerte recorra,
encuentra el vértice,
desde tus manos.
Pero no te preocupes,
allí estaré.
Estaré.
Sí, estaré.
Cuando sea
en tu respiración,
abrazaré la raíz
y tu ausencia.
Después,
la ciudad sufrirá
un triste silencio
por tu nombre.

MAIJO MORA
Maijo Mora es periodista y poeta onubense. Sus primeros pasos comenzaron en varios colectivos poéticos andaluces. Desde este lugar, ha colaborado en diferentes antologías nacionales y medios internacionales periodísticos. En 2011 y 2012 se le diagnostica como paciente de cáncer de mama bilateral triple negativo con el oncogén BRCA1. Durante más de 10 años convive con sus efectos secundarios y problemas de reconstrucción. A partir del 2019, actúa en el colectivo Prostíbulo Poético (Madrid). Un año más tarde, lanza su disco debut de Spoken Word electrónico, Elektrosía, donde fusiona poemas comprometidos sobre el cáncer, la electrónica y el arte visual. Desde 2021, forma parte de la plataforma artivista oncológica Intra-Venus. En 2024 publica su segundo libro Vértices (Ed. Cuadranta, 2024) donde muestra su experiencia resiliente y feminista como paciente de cáncer de mama. Como poeta ha declamado en ciudades como Madrid, Barcelona, Nueva York, Ciudad de México, Nueva Delhi o Buenos Aires, entre otras.
IG: @ maijomorasoy
x: maijomora
¿Cuáles son los modelos de poetas que te dieron ganas de escribir poesía? ¿de dónde
nace tu interés por la poesía?
La poesía nace de los lugares cotidianos. De un instante en el presente, de la belleza en la
escucha activa y la vulnerabilidad que nos abraza en aquellos espacios universales y se demuestran a través de la sanación, la mortalidad, la crisis o el deseo. En mi último poemario Vértices, escribo desde las palabras de la poeta Audre Lorde, “al nombrar lo innombrable para que podamos hablar de ello” y, según lo citado, a la ensayista María Zambrano quien confirma “hay cosas que no pueden decirse, y es cierto. Pero ésto que no puede decirse, es lo que se tiene que escribir”.
A lo largo de mi último viaje por América Latina (Chile, Argentina y México), los versos de mi libro Vértices han ido adentrándose a lo largo de estos lugares universales desde los textos y experiencias de otras pacientes, supervivientes y acompañantes de cáncer. Mi propuesta fue sumar con distintos talleres gratuitos sobre la palabra resiliente para concienciar sobre la prevención de las pruebas ginecológicas y su sanación/palabra de su propia enfermedad.
En estos últimos años, las mujeres poetas que me suelen acompañar son una comunidad que busca, desde la fragilidad de su palabra y su arte, una transformación feminista desde el artivismo (arte y activismo). Estas poetas me ayudaron a contextualizar emociones y sentimientos durante las fases de mi enfermedad de cáncer para madurar sobre una nueva capa de mi memoria como superviviente.
La poeta Audre Lorde y sus libros The Cancer Journals o el Unicornio Negro; Desmorir (Premio Pulitzer 2020) de la activista Anne Boyer; Sandra Monroy y su ensayo Jódete Cáncer; el Proyecto 430 de la fotógrafa Mara León; Susan Sontag con La enfermedad y sus metáforas; Eva Rodriguez Beja y su poemario Completa, entre otras escritoras.
¿Ejercitas la imaginación o simplemente ocurre? Si la ejercitas, ¿de qué modo? Si simplemente ocurre, ¿qué cosas la disparan?
Mi infancia proviene del sur de España, de la tranquilidad del océano y del invierno salino de Andalucía. Un horario perfecto para trabajar es durante la noche por su silencio. Esta desconexión me inspira, como bien explica Leonora Carrington sobre la soledad elegida del artista y su introspección entre el caos y el ruido.
Una manía al escribir, un objeto, un rito.
Me gusta escuchar música Jazz sobre mi escritorio, con detalles de mis viajes, conchas recogidas por la marea y regalos de buenos amigos.
¿Cuál es tu organismo vivo favorito?
Mi organismo vivo favorito es el vencejo (Apus apus) porque se adapta de manera extrema en el hábitat de su vuelo. Lo siento como un personaje que ha elegido muy bien cómo vivir su vida de manera independiente. Casi toda su vida permanece en el aire incluso cuando duerme durante al menos unos segundos. Es un ave capaz de crear una estrategia propia del sueño donde sólo una parte del cerebro descansa mientras sigue volando. Me parece un animal casi místico por su forma de entender el mundo. Sólo necesita evitar su soledad elegida para aparearse en tierra.